Catholic Diocese of Dallas

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En Español - Solemnidad de San José, Esposo de María

Solemnity of St Joseph, the Husband of Mary

Publish date: Tuesday, March 19, 2019

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In his General Audience on Wednesday, March 19, 2003, Pope Saint John Paul II of happy memory addressed his audience at St. Peter's Square to speak to them about St. Joseph, the Patron Saint of the Universal Church:

Today we are celebrating the Solemnity of St Joseph, the Husband of Mary. Scripture points him out to us as the "father" of Jesus, prepared to carry out the divine plan, even when it eluded human understanding. To him, "son of David", God entrusted the safekeeping of the Eternal Word, made man by the power of the Holy Spirit in the womb of the Virgin Mary. St Joseph is described in the Gospel as a "just man", and for all believers he is a model of life in faith.

The word "just" evokes his moral rectitude, his sincere attachment to the practice of the law and his attitude of total openness to the will of the heavenly Father. Even in difficult and sometimes tragic moments, the humble carpenter of Nazareth never claimed for himself the right to dispute God's plan. He awaited the call from on High and in silence respected the mystery, letting himself be guided by the Lord. Once he received the mission, he fulfils it with docile responsibility. He listens attentively to the angel, when he is asked to take as his wife the Virgin of Nazareth, in the flight into Egypt and in the return to Israel. In few, but significant strokes, the Evangelists describe him as the caring guardian of Jesus, an attentive and faithful husband, who exercises his family authority in a constant attitude of service.

Nothing else is said about him in the Sacred Scriptures, but this silence contains the special style of his mission: a life lived in the greyness of everyday life, but with steadfast faith in Providence.

Every day St Joseph had to provide for the family's needs with hard manual work. Thus the Church rightly points to him as the patron of workers.

Today's solemnity is also a wonderful occasion to reflect on the importance of work in the life of the human person, the family and the community.

The human being is the subject and the primary agent of work, and in the light of this truth, we can clearly perceive the fundamental connection between the person, work and society. Human activity - the Second Vatican Council recalls - proceeds from the human person and is ordered to the person. According to God's design and will, it must serve the true good of humanity and allow "man as an individual and as a member of society to cultivate and carry out his integral vocation".

In order to fulfil this mission, a "tested spirituality of human work" must be cultivated that is firmly rooted in the "Gospel of work" and believers are called to proclaim and to witness to the Christian meaning of work in their many activities and occupations.

May St Joseph, such a great and humble saint be an example that inspires Christian workers, who should call on him in every circumstance. Today I wish to entrust to the provident guardian of the Holy Family of Nazareth the young people who are training for their future profession, the unemployed, and those who are suffering from the hardship of the shortage of employment, families and the whole world of work, with the expectations and challenges, the problems and prospects that characterize it.

May St Joseph, the Patron of the universal Church, watch over the entire ecclesial community and, as the man of peace that he was, may he obtain for all humanity, especially for the peoples threatened at this time by war, the precious gift of harmony and peace.

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Source: vatican.va


Español

Solemnidad de San José, Esposo de María

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En su Audiencia General del miércoles 19 de marzo de 2003, el Papa San Juan Pablo II de feliz memoria, se dirigió a la audiencia en la Plaza de San Pedro para hablarles de San José, Patrono Universal de la Iglesia:

Celebramos hoy la solemnidad de san José, esposo de María. La liturgia nos lo señala como "padre" de Jesús, dispuesto a realizar los planes divinos, incluso cuando el hombre es incapaz de comprenderlos. A él, "hijo de David", Dios Padre encomendó la custodia del Verbo eterno hecho hombre, por obra del Espíritu Santo, en el seno de la Virgen María. San José, al que el Evangelio define como "hombre justo", es para todos los creyentes un modelo de vida en la fe.

La palabra "justo" evoca su rectitud moral, su sincera adhesión al cumplimiento de la ley y su actitud de total apertura a la voluntad del Padre celestial. Incluso en los momentos difíciles, y a veces dramáticos, el humilde carpintero de Nazaret nunca se arrogó el derecho de poner en tela de juicio el proyecto de Dios. Espera la llamada de lo alto y en silencio respeta el misterio, dejándose guiar por el Señor. Una vez recibida la misión, la cumple con dócil responsabilidad:  escucha solícitamente al ángel cuando se trata de tomar como esposa a la Virgen de Nazaret, en la huida a Egipto y al volver a Israel. Con pocos rasgos, pero significativos, lo describen los evangelistas como solícito custodio de Jesús, esposo atento y fiel, que ejerce la autoridad familiar con una constante actitud de servicio. La Sagrada Escritura no nos dice nada más de él, pero este silencio refleja el estilo mismo de su misión:  una existencia vivida en la sencillez de la vida ordinaria, pero con una fe cierta en la Providencia.

Cada día san José tuvo que proveer a las necesidades de la familia con el duro trabajo manual. Por eso, con razón, la Iglesia lo presenta como patrono de los trabajadores.
La solemnidad de hoy constituye, por consiguiente, una ocasión propicia para reflexionar también sobre la importancia del trabajo en la existencia del hombre, en la familia y en la comunidad.
El hombre es sujeto y protagonista del trabajo y, a la luz de esta verdad, se puede percibir muy bien el nexo fundamental que existe entre persona, trabajo y sociedad. La actividad humana -recuerda el Concilio- procede del hombre y se ordena al hombre. Según el designio y la voluntad de Dios, debe ser conforme al verdadero bien de la humanidad y permitir "al hombre, como individuo y como miembro de la sociedad, cultivar y realizar íntegramente su vocación".

Para cumplir esta tarea, hace falta cultivar una "comprobada espiritualidad del trabajo humano", fundada, con sólidas raíces, en el "evangelio del trabajo", y los creyentes están llamados a proclamar y testimoniar, en sus diversas actividades, el significado cristiano del trabajo.

Que san José, santo tan grande y tan humilde, sea ejemplo en el que se inspiren los trabajadores cristianos, invocándolo en todas las circunstancias. Al próvido custodio de la Sagrada Familia de Nazaret quisiera encomendar hoy a los jóvenes que se preparan para su profesión futura, a los que sufren a causa del desempleo, a las familias y a todo el mundo del trabajo, con las expectativas y los desafíos, los problemas y las perspectivas que lo caracterizan.

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Fuente: vatican.va

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