Background Image

8/29/2014


Reflexión en el Día del Trabajo

Al conmemorar el Día del Trabajo, que honra la dignidad y la contribución laboral a nuestra sociedad, no podemos sino percatarnos de la situación en la que se encuentran tantos trabajadores en Norteamérica.

Al conmemorar el Día del Trabajo, que honra la dignidad y la contribución laboral a nuestra sociedad, no podemos sino percatarnos de la situación en la que se encuentran tantos trabajadores en Norteamérica. 

En una Declaración del Día del Trabajo de 2012, los Obispos de los Estados Unidos tomaron en consideración esta situación:

Este Día del Trabajo, nuestro país continúa luchando en una economía quebrantada que no está produciendo suficientes empleos decentes.  Millones de estadounidenses sufren el desempleo o subempleo, o viven en la pobreza pues sus necesidades básicas, con demasiada frecuencia, no son satisfechas.  Esto representa una seria falla económica y moral para nuestra nación.  Como personas de fe, estamos llamados a estar al lado de quienes se han quedado atrás, ofrecerles nuestra solidaridad y unir fuerzas con “los más pequeños de estos” para ayudarles a satisfacer sus necesidades básicas.  Buscamos una renovación económica nacional que ponga a los trabajadores y sus familias al centro de la vida económica.

Esto me recuerda una historia del Presidente Franklin Delano Roosevelt, quien preguntó a un oficial gubernamental durante la Gran Depresión, “¿hay muchas personas pasando hambre?” a lo que el oficial respondió, “en general, las personas no tienen hambre.” Rápidamente, el Presidente le recordó, “mi amigo, las personas no pasan hambre en general, el hambre es algo muy particular.”

Las estadísticas ocultan el sufrimiento humano que representan.  El desempleo es una cosa muy particular, es un padre o una madre soltera viendo sufrir a su familia; es un recién graduado con un préstamo estudiantil que sólo puede encontrar un trabajo con salario mínimo en un restaurante de comida rápida; es una familia que se ve obligada a dejar su hogar. 

Como individuos, como Iglesia, como sociedad estamos llamados a ofrecer, en virtud del Evangelio, ayuda individual siempre que sea posible. En este día del trabajo, que cada uno de nosotros ofrezca su ayuda a alguien y se comprometa a trabajar para que estos problemas humanos se resuelvan a nivel local, estatal y nacional.