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Papa Francisco 6/9/2017


Reflexiones del Papa Francisco en el Domingo de la Santísima Trinidad

Reflexiones del Papa Francisco en el Domingo de la Santísima Trinidad 2014

Hoy celebramos la Solemnidad de la Santísima Trinidad, que nos lleva a la contemplación y adoración de la vida divina del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo: una vida de comunión y de amor perfecto, origen y meta de todo el universo y de cada criatura: Dios. En la Trinidad reconocemos también el modelo de la Iglesia, en la que todos somos llamados a amarnos los unos a los otros como Jesús nos amó. Es el amor el signo concreto que manifiesta la fe en Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. Es el amor el emblema del cristiano, como nos dijo Jesús: « En esto todos reconocerán que ustedes son mis discípulos: en el amor que se tengan los unos a los otros» (Jn 13, 35). Es una contradicción pensar en cristianos que se odian. Es una contradicción. Y el diablo siempre busca esto: hacernos odiar, porque él siempre siembra la cizaña del odio; él no conoce el amor, ¡Dios es amor!

Todos estamos llamados a dar testimonio y anunciar que «Dios es amor», que Dios no está lejos y que no es insensible a nuestras experiencias humanas. Está cerca de nosotros, está siempre a nuestro lado, camina con nosotros para compartir nuestras alegrías y nuestras tristezas, nuestras esperanzas y nuestras fatigas. Nos ama tanto y hasta tal punto, que se hizo hombre, vino al mundo no para juzgarlo, sino para que el mundo se salve por medio de Jesús (cf. Jn 3, 16-17). Y este es el amor de Dios en Jesús, este amor que es tan difícil de comprender, pero que sentimos cuando nos acercamos a Jesús. Y Él nos perdona siempre, nos espera siempre, nos quiere mucho. Y el amor de Jesús que sentimos, es el amor de Dios.

El Espíritu Santo, don de Jesús resucitado, nos comunica la vida divina, y así nos hace entrar en el dinamismo de la Trinidad, que es un dinamismo de amor, de comunión, de servicio recíproco, de participación. Una persona que ama a los demás por la alegría misma de amar es un reflejo de la Trinidad. Una familia en la que se aman y se ayudan unos a otros, es un reflejo de la Trinidad. Una parroquia en la que se quieren y comparten los bienes espirituales y materiales, es un reflejo de la Trinidad.

El amor verdadero es ilimitado, pero sabe limitarse para salir al encuentro del otro, para respetar la libertad del otro. Todos los domingos vamos a misa, juntos celebramos la Eucaristía, y la Eucaristía es como la «zarza ardiente», en la que humildemente habita y se comunica la Trinidad; por eso la Iglesia ha puesto la fiesta del Corpus Christi después de la fiesta de la Santísima Trinidad.

Que la Virgen María, criatura perfecta de la Trinidad, nos ayude a hacer de toda nuestra vida, en los pequeños gestos y en las elecciones más importantes, un himno de alabanza a Dios, que es amor.