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3/27/2015


Domingo de Ramos: Una Visión Panorámica de los Misterios Pascuales

El Domingo de Ramos la liturgia ofrece una visión panorámica de los misterios que contemplaremos más detenidamente durante la Semana Santa y Triduo Pascual: la Institución de la Eucaristía, la Pasión y muerte del Señor y, finalmente, la predicción de su Resurrección.

Por Mar Munoz-Visoso

El Domingo de Ramos la liturgia ofrece una visión panorámica de los misterios que contemplaremos durante la Semana Santa y Triduo Pascual: la Institución de la Eucaristía, la pasión y muerte del Señor y la predicción de Su Resurrección.

Estas esplendidas lecturas dominicales incluyen numerosas frases y expresiones que han pasado a ser parte de la liturgia dominical y otras devociones. Pero, sobre todo, nos revelan como cada uno de los eventos de la Pasión de Cristo había sido anunciado por los profetas en las Escrituras y por Cristo mismo, confirmando así que Él era quien habría de venir.

La lectura durante la Procesión con las Palmas nos ofrece un marcado contraste con las lecturas de la Misa. A su entrada a Jerusalén, Jesús es recibido con cantos de gozo y alabanza por parte de la multitud que había llegado a creer y tener esperanza en Él como enviado de Dios: ¡Hosanna Hijo de David! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!

¡Es Jesús, el profeta de Nazaret! explican unos a quienes preguntan a qué se debe tanta conmoción. Podemos imaginar la confusión y desconcierto de los Doce. El Maestro ha estado diciendo que se acerca la hora de su sufrimiento y que por este motivo ha venido a Jerusalén. Sin embargo, por el momento, todo son halagos y gestos de bienvenida con capas y ramas tendidas a su paso montando un humilde burro.

Pero todo esto queda atrás ya que durante la Misa nos enfocamos en el momento en que Cristo se dispone a celebrar la Pascua con sus amigos más cercanos.

En primer lugar, Jesús nos deja el tesoro de la Eucaristía, la forma en la que quiere que le recodemos y con la que quiere hacerse presente entre nosotros. Después presenciamos la traición de Judas, quien lo vende por dinero aunque luego se arrepiente. Vemos la traición de Pedro, quien lo niega tres veces por temor a correr Su misma suerte. La debilidad de Pedro y de los otros apóstoles queda también al descubierto cuando no pueden mantenerse despiertos y acompañar a Jesús mientras ora en el Huerto de los Olivos, a pesar de que Él les ha suplicado que lo hagan. Así queda claro que no es por sus propios méritos ni fortaleza que Jesús los ha elegido para la misión y que sin Él ni la presencia de Su Espíritu ellos no pueden hacer nada.

En el Huerto, como en la cruz Jesús se siente solo. Su sufrimiento se refleja en la frase del salmo, que luego Él exclamará desde la cruz: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” En su humanidad, Jesús es tentado por la duda. ¿También tú, mi Dios, me has abandonado? ¿Verdaderamente tiene sentido todo este sufrimiento? Sin embargo, Jesús saca fuerzas de su debilidad y, en un último acto de fe, se entrega nuevamente al Padre: "En tus manos encomiendo mi espíritu."

Las lecturas nos dejan en un suspenso que solo será determinado en la Vigila Pascual. ¿Qué va a pasar ahora? Cristo está muerto y sepultado.  Sin embargo, aun recibimos un par de enseñanzas. La primera es que entre todos los seguidores de Jesús, las únicas que lo han acompañado de principio a fin son un grupo de mujeres muy cercanas a Él. Lo han acompañado y servido durante su predicación, y en su camino al Monte Calvario con la cruz a cuestas. Acompañaron a su desconsolada Madre al pie de la cruz y ahora lloran Su muerte frente al sepulcro. La mención de la fidelidad de estas mujeres en las Escritura no es gratuita. Y, como sabemos, Jesús recompensará esta lealtad permitiendo que sea una mujer la primera en verlo y dar testimonio de Su Resurrección.

Finalmente, el Evangelio señala que la historia no termina aquí. Los sacerdotes y fariseos, conociendo que Jesus había predicho que resucitaría de entre los muertos a los tres días, toman todas las precauciones posibles para que nadie pueda robar el cuerpo y declarar que Jesús ha resucitado. No sólo ponen guardias sino que además sellan la entrada del sepulcro. Con esto, las lecturas nos preparan para entender el Domingo de Resurrección que si la tumba está vacía, no ha sido por obra de los hombres.

Que el Señor nos conceda acompañarlo serenamente durante estos misterios pascuales y que surjamos de ellos renovados en la fe, la esperanza y la caridad. Así sea.

Una versión en video de esta y otras reflexiones en inglés y español se puede encontrar en: www.usccb.org

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Mar Muñoz-Visoso es directora ejecutiva del Secretariado de Diversidad Cultural en la Iglesia de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos.

 

Fuente: USCCB.org