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12/17/2015


Salvando almas a través de la alegría esta Navidad

Puede ser que, atrapados en las innumerables distracciones de la temporada Navideña, en el sonido de villancicos y en el olor a pan de jengibre, no seamos capaces de imaginar la alegría que esta temporada trae al mundo.

Muchos de nosotros nos sentimos inundados de alegría en esta temporada ante la proximidad de la Navidad. Este tiempo festivo es un derroche de júbilo — el reencuentro con amigos y familiares, la agradable nostalgia de las navidades pasadas, el dar y recibir regalos, el aroma que desprenden las delicias salidas del horno y la calidez del afecto.

Sin embargo, esos sentimientos de alegría pueden ser inhibidos por la lista de cosas que tenemos que hacer antes de la llegada del gran día, y el incesante estrés y ajetreo pueden extinguir el espíritu navideño. Puede ser que, atrapados en las innumerables distracciones de la temporada Navideña, en el sonido de villancicos y en el olor a pan de jengibre, no seamos capaces de imaginar la alegría que esta temporada trae al mundo. Por no mencionar, que hay muchas personas que enfrentan la temporada con temor, ya que es bien sabido que las festividades pueden ser un momento especialmente difícil para algunas personas. Dichas ocasiones tan llenas de alegría pueden contrastar con su ausencia en la nuestra. Lamentablemente, esta época del año también puede remover sentimientos de soledad y pérdida.

En La Alegría del Evangelio, el Papa Francisco hace un llamado a los “Cristianos cuya opción parece ser la de una Cuaresma sin Pascua”. Estos Cristianos no sólo se dañan a sí mismos privándose de la alegría y la paz que el mundo no puede comprender, sino que trágicamente, no atraen a otros hacia la luz y el amor de Cristo (porque no hay nada atractivo en una persona miserable).

Cuando entramos a la dimensión del amor de Dios, nos damos cuenta que estamos colmados de alegría. Por supuesto habrá momentos en los que tenemos que ocuparnos de nuestras responsabilidades y en los que nuestros sentimientos no coincidan con nuestras acciones. También habrá momentos de sufrimiento, cuando no nos sintamos "felices", en el sentido mundano. Pero incluso durante esos momentos, si nos lo permitimos, tendremos acceso a una alegría interior que nos viene de conocer a Cristo.

Amamos a Dios, sí, porque es justo y necesario, pero también porque hay una tremenda alegría y gozo en amar a Dios por sí mismo. Si vivimos esto — y verdaderamente lo creemos — otros verán esta alegría incrustada dentro de nosotros. Y si lo hacen, por la gracia de Dios, podremos derretir sus corazones endurecidos en esta temporada navideña y en todas las temporadas.

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Tomado de: WordOnFire.com