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Pope's Angelus address: Make your life a gift for others

Publish date: Monday, June 23, 2014
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Speaking to the crowds which nearly filled Saint Peter’s Square on the hot June morning, the Pope focused on the feast of the Most Holy Body and Blood of Christ – or Corpus Christi – celebrated in many parishes this Sunday.

The Gospel reading for this feast is taken from John, and focuses on Christ’s discourse on the “Bread of Life” which He delivered in the synagogue at Capernaum.

“Jesus stresses that he did not come into this world to give something,” the Pope said, “but to give himself, his life as nourishment for all those who have faith in Him.”

As disciples, the Holy Father said, we are obliged by our Communion with Christ “to imitate Him, making our existence a broken bread for others, just as the Master has broken the bread that is truly His flesh.”

Pope Francis went on to say that each time we take part in Mass and are nourished by the Body of Christ, “the presence of Jesus and the Holy Spirit acts in us, shapes our heart,” and speaks interiorly to us in a way that shapes our behavior according to the Gospel.

“The charity of Christ, welcomed with an open heart, changes us, transforms us, makes us able to love, not according to human measure [which is] always limited, but according to the measure of God,” which is without limits. “One cannot measure the Love of God,” he said.

In this way, we become able to love those who do not love us – which, the Pope said, is not an easy thing to do – and to confront evil with goodness, to forgive others, to share, and to welcome.

By living in this way, the Holy Father said, “we discover the true joy” of giving back the great gift which we, without merit, first received ourselves.

“This is beautiful,” he said: “our life becomes a gift!” This is an imitation of Jesus.

There are two points that one must not forget, Pope Francis said: First, that “the love of God is immeasurable,” and secondly, that by “following Jesus, we – with the Eucharist – make our life a gift.”

Pope Francis concluded by offering a prayer to Mary, in whom the Word was made Flesh, “to help us rediscover the beauty of the Eucharist and make it the center of our life.”

After reciting the Angelus prayer in Latin, Pope Francis recalled that 26 June is the United Nations International Day in support of victims of torture . Saying that every form of torture is a “very grave sin,” the Pope invited Christians to commit themselves to its abolishment, and to offer their support for its victims and their families.

Finally, after greeting the many other pilgrims and local Italians who had gathered in Saint Peter’s Square, the Pope wished everyone a good Sunday, and asked for their prayers.

From archive of Vatican Radio / News.va


Español

El Papa en el Ángelus: La medida del amor de Dios es amar sin medida

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El Santo Padre a la hora de la oración mariana de este primer Ángelus del verano de 2014, quiso destacar el significado de la celebración del Corpus Christi. “Cada vez que participamos en la Misa y nos alimentamos con el Cuerpo de Cristo, la presencia de Jesús y del Espíritu Santo obra en nosotros, hace madurar en nosotros un estilo de vida cristiano”. "La caridad de Cristo, recibida con el corazón abierto, -dijo- nos cambia, nos transforma, nos hace capaces de amar, no a nivel humano, siempre limitado, sino de acuerdo a la medida de Dios, es decir, sin medida.” “Porque no se puede medir el amor de Dios: ¡es sin medida!”. “Y siguiendo a Jesús, nosotros -con la Eucaristía- hacemos de nuestra vida un don.”

El Evangelio de Juan presenta el discurso sobre el "pan de vida," impartido por Jesús en la sinagoga de Cafarnaúm, en la que afirmó: "Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo” (Jn 06:51). Jesús señala que no vino a este mundo para dar algo, sino para darse a sí mismo, para dar su vida como alimento para los que tienen fe en Él. Esta comunión nuestra con el Señor nos compromete a nosotros, sus discípulos, a imitarlo, haciendo de nuestra existencia, de nuestros comportamientos, pan partido para los demás, como el Maestro partió el pan que es realmente su carne. Para nosotros, en cambio, son los comportamientos generosos con el prójimo que demuestran la postura de partir la vida por los demás.

Cada vez que participamos en la Misa y nos alimentamos con el Cuerpo de Cristo, la presencia de Jesús y del Espíritu Santo obra en nosotros, da forma a nuestro corazón, nos comunica actitudes internas que se traducen en comportamientos de acuerdo con el Evangelio. En primer lugar, la docilidad a la Palabra de Dios, después la hermandad entre nosotros, el valor del testimonio cristiano, la fantasía de la caridad, la capacidad de dar esperanza a los desesperados, de acoger a los excluidos. De este modo, la Eucaristía hace madurar en nosotros un estilo de vida cristiano. La caridad de Cristo, recibida con el corazón abierto, nos cambia, nos transforma, nos hace capaces de amar, no a nivel humano, siempre limitado, sino de acuerdo a la medida de Dios, es decir, sin medida.

¿Y cuál es la medida de Dios? ¡Sin medida! La medida de Dios es sin medida. ¡Todo! ¡Todo! ¡Todo! No se puede medir el amor de Dios: ¡es sin medida! Y entonces llegamos a ser capaces de amar incluso a los que no nos aman, y esto no es fácil, ¿eh? Amar a quienes no nos ama... ¡No es fácil! Porque si sabemos que una persona no nos quiere, también tenemos nosotros el deseo de no quererla. Pues no. ¡Hemos de amar incluso a los que no nos aman! Oponernos al mal con el bien, a perdonar, a compartir, a acoger a los demás. Gracias a Jesús y su Espíritu, también nuestra vida se convierte en "pan partido" para nuestros hermanos. ¡Y viviendo así, descubrimos la verdadera alegría! La alegría de convertirse en don, de devolver el gran don que recibimos por primera vez, sin nuestro mérito.

Es hermoso esto: ¡nuestra vida se convierte en don! Esto es imitar a Jesús. Yo quisiera recordar estas dos cosas. En primer lugar, la medida del amor de Dios es amar sin medida. ¿Está claro esto? Y nuestra vida, con el amor de Jesús, recibiendo la Eucaristía, se hace don. Tal como fue la vida de Jesús. No olviden estas dos cosas: la medida del amor de Dios es amar sin medida. Y siguiendo a Jesús, nosotros -con la Eucaristía- hacemos de nuestra vida un don.

Jesús, el Pan de vida eterna, bajó del cielo y se hizo carne gracias a la fe de María Santísima. Después de haberlo llevado con Ella, con amor inefable, lo siguió fielmente hasta la Cruz y la Resurrección. Pidamos a la Virgen que nos ayude a redescubrir la belleza de la Eucaristía, para que sea el centro de nuestra vida, especialmente en la Misa dominical y en la adoración.

Después del rezo Mariano del Ángelus el Santo Padre dedicó saludos a fieles de diferentes partes del mundo e hizo un llamamiento contra la tortura. El 26 de junio próximo se celebrará el Día de las Naciones Unidas por las Víctimas de la Tortura. En esta circunstancia reitero la firme condena de cada forma de tortura e invito a los cristianos a comprometerse para cooperar a su abolición y apoyar a las víctimas y sus familias. ¡Torturar a las personas es un pecado mortal! ¡Un pecado muy grave!

Extiendo mi saludo a todos ustedes, ¡romanos y peregrinos!

Tomado del archivo de Radio Vaticano

 

 

 


 

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