Background Image

FULL News release Details

Meditations on the Stations of the Cross

Publish date: Friday, March 25, 2016
En Español

--

From the Address of His Holiness Pope Benedict XVI, Good Friday 2012

Once more in meditation, prayer and song, we have recalled Jesus’s journey along the way of the cross: a journey seemingly hopeless, yet one that changed human life and history, and opened the way to “new heavens and a new earth” (cf. Rev 21:1). Especially today, Good Friday, the Church commemorates with deep spiritual union the death of the Son of God on the cross; in his cross she sees the tree of life, which blossoms in new hope.

The experience of suffering and of the cross touches all mankind; it touches the family too. How often does the journey become wearisome and difficult! Misunderstandings, conflicts, worry for the future of our children, sickness and problems of every kind. These days too, the situation of many families is made worse by the threat of unemployment and other negative effects of the economic crisis. The Way of the Cross which we have spiritually retraced this evening invites all of us, and families in particular, to contemplate Christ crucified in order to have the force to overcome difficulties. The cross of Christ is the supreme sign of God’s love for every man and woman, the superabundant response to every person’s need for love. At times of trouble, when our families have to face pain and adversity, let us look to Christ’s cross. There we can find the courage and strength to press on; there we can repeat with firm hope the words of Saint Paul: “Who will separate us from the love of Christ? Will hardship, or distress, or persecution, or famine, or nakedness, or peril, or sword? … No, in all these things we are more than conquerors through him who loved us” (Rom 8:35,37).

In times of trial and tribulation, we are not alone; the family is not alone. Jesus is present with his love, he sustains them by his grace and grants the strength needed to carry on, to make sacrifices and to evercome every obstacle. And it is to this love of Christ that we must turn when human turmoil and difficulties threaten the unity of our lives and our families. The mystery of Christ’s suffering, death and resurrection inspires us to go on in hope: times of trouble and testing, when endured with Christ, with faith in him, already contain the light of the resurrection, the new life of a world reborn, the passover of all those who believe in his word.

In that crucified Man who is the Son of God, even death itself takes on new meaning and purpose: it is redeemed and overcome, it becomes a passage to new life. “Unless a grain of wheat falls into the earth and dies, it remains just a single grain; but if it dies, it produces much fruit” (Jn 12:24). Let us entrust ourselves to the Mother of Christ. May Mary, who accompanied her Son along his way of sorrows, who stood beneath the cross at the hour of his death, and who inspired the Church at its birth to live in God’s presence, lead our hearts and the hearts of every family through the vast mysterium passionis towards the mysterium paschale, towards that light which breaks forth from Christ’s resurrection and reveals the definitive victory of love, joy and life over evil, suffering and death. Amen.

Click on the button below to read Meditations on each Station by H.E. Msgr. Giancarlo Maria Bregantini,
Archbishop of Campobasso-Boiano, from the Way of the Cross at the Colosseum led by the Holy Father, Pope Francis, Good Friday 2014.

Stations of the Cross - "The Face of Man, The Face of Christ"

 

--

Source: vatican.va


Español

Meditaciones de las Estaciones de la Cruz

--

Palabras del Santo Padre Benedicto XVI, Viernas Santo 2012

Hemos recordado en la meditación, la oración y el canto, el camino de Jesús en la vía de la cruz: una vía que parecía sin salida y que, sin embargo, ha cambiado la vida y la historia del hombre, ha abierto el paso hacia los «cielos nuevos y la tierra nueva» (cf. Ap 21,1). Especialmente en este día del Viernes Santo, la Iglesia celebra con íntima devoción espiritual la memoria de la muerte en cruz del Hijo de Dios y, en su cruz, ve el árbol de la vida, fecundo de una nueva esperanza.

La experiencia del sufrimiento y de la cruz marca la humanidad, marca incluso la familia; cuántas veces el camino se hace fatigoso y difícil. Incomprensiones, divisiones, preocupaciones por el futuro de los hijos, enfermedades, dificultades de diverso tipo. En nuestro tiempo, además, la situación de muchas familias se ve agravada por la precariedad del trabajo y por otros efectos negativos de la crisis económica. El camino del Via Crucis, que hemos recorrido esta noche espiritualmente, es una invitación para todos nosotros, y especialmente para las familias, a contemplar a Cristo crucificado para tener la fuerza de ir más allá de las dificultades. La cruz de Jesús es el signo supremo del amor de Dios para cada hombre, la respuesta sobreabundante a la necesidad que tiene toda persona de ser amada. Cuando nos encontramos en la prueba, cuando nuestras familias deben afrontar el dolor, la tribulación, miremos a la cruz de Cristo: allí encontramos el valor y la fuerza para seguir caminando; allí podemos repetir con firme esperanza las palabras de san Pablo: «¿Quién nos separará del amor de Cristo?: ¿la tribulación?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿el peligro?, ¿la espada?... Pero en todo esto vencemos de sobra gracias a aquel que nos ha amado» (Rm 8,35.37).

En la aflicción y la dificultad, no estamos solos; la familia no está sola: Jesús está presente con su amor, la sostiene con su gracia y le da la fuerza para seguir adelante, para afrontar los sacrificios y superar todo obstáculo. Y es a este amor de Cristo al que debemos acudir cuando las vicisitudes humanas y las dificultades amenazan con herir la unidad de nuestra vida y de la familia. El misterio de la pasión, muerte y resurrección de Cristo alienta a seguir adelante con esperanza: la estación del dolor y de la prueba, si la  vivimos con Cristo, con fe en él, encierra ya la luz de la resurrección, la vida nueva del mundo resucitado, la pascua de cada hombre que cree en su Palabra.

En aquel hombre crucificado, que es el Hijo de Dios, incluso la muerte misma adquiere un nuevo significado y orientación, es rescatada y vencida, es el paso hacia la nueva vida: «si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto» (Jn 12,24). Encomendémonos a la Madre de Cristo. A ella, que ha acompañado a su Hijo por la vía dolorosa. Que ella, que estaba junto a la cruz en la hora de su muerte, que ha alentado a la Iglesia desde su nacimiento para que viva la presencia del Señor, dirija nuestros corazones, los corazones de todas las familias a través del inmenso mysterium passionis hacia el mysterium paschale, hacia aquella luz que prorrumpe de la Resurrección de Cristo y muestra el triunfo definitivo del amor, de la alegría, de la vida, sobre el mal, el sufrimiento, la muerte. Amén.

Presione el botón en la parte de abajo para leer las Meditaciones en cada Estación por el H.E. Monseñor Giancarlo Maria Bregantini, Arzobispo de Campobasso-Boiano, desde el Camino de la Cruz en el Coliseo dirigido por el Santo Padre, el Papa Francisco, el Viernes Santo 2014.

Estaciones de la Cruz - "El Rostro del Hombre, el Rostro de Cristo"

--

Source: vatican.va


 

Media Request Contact

Annette Gonzales Taylor
Director of Communications
(214) 379-2873
agtaylor@cathdal.org