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May is Mary’s Month: The Scriptural Foundation for Marian Devotion

Publish date: Wednesday, May 24, 2017
En Español

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by Fr. Edward Lee Looney

As a Church,  we like to dedicate days, months, and years to specific causes and intentions.  Thursdays have been honored as a day dedicated to the Eucharist and priesthood; Fridays to our Lord’s passion, and Saturdays to Our Lady.  And our popes in the past decade have called for specific yearlong celebrations of the rosary, the Eucharist, St. Paul, etc.  June has been dedicated to the Sacred Heart, July to the Precious Blood, October to the rosary, and November to the Holy Souls.  Suffice it to say, our Church loves her devotions which serve as an aid to her faithful’s spiritual lives.

In today’s reflection, through the lens of scripture, I’d like to address the following question:  Why be devoted to Mary?

Scriptural Support

Devotion to the Blessed Virgin Mary is deeply rooted in scripture.  We can look to three examples: Elizabeth, Mary herself, and Jesus.  After hearing the announcement of the Angel Gabriel, “Hail Mary, full of grace” (Luke 1:28) and the ensuing dialogue which revealed Elizabeth was pregnant with child, Mary went in haste to the home of Elizabeth and Zachariah.  After Mary’s greeting to Elizabeth, John the Baptist leaped in her womb for joy, causing Elizabeth to proclaim, “Blessed are you among women and blessed is the fruit of your womb.”  (Luke 1:42) Elizabeth went on to acknowledge Mary as the mother of the Lord.  In the gospels, Elizabeth becomes the first to sing the praises of the Virgin Mary.

After Elizabeth proclaimed her praise of Mary, Mary went on to prophesy about future generations of Marian devotion in her Magnificat.  The New American Bible translates the phrase, “behold, from now on will all ages call me blessed.” (Luke 1:48)  In recounting her praise of God’s goodness to her and all of Israel, Mary understood that future generations would call her blessed because she was going to be the Mother of Jesus, the son of God.

The third example that we can draw upon from the scriptures is the example of Jesus himself.  As a son, He would have been obedient to His mother because he had received his human nature from her.  The Decalogue, (the Ten Commandments), exhorts us to honor our father and mother; Jesus was subject to this commandment.  By honoring His mother on earth, Jesus gave honor to His father in heaven.  And Jesus himself, while hanging from the cross in John’s gospel, entrusted Mary to John, and John to Mary.  (John 19:26-27) By this very act, Mary became the mother of all believers.

Moreover, St. Paul, in his letter to the Galatians, writes: “I live, no longer I, but Christ lives in me; insofar as I now live in the flesh, I live by faith in the Son of God who has loved me and given himself up for me” (2:20). In 1 Corinthians 11:1, Paul says, “Be imitators of me, as I am of Christ.”  If we want Christ to live His life in us and through us, if we want to be imitators of Christ, we must have a filial love for the Virgin Mary.  Luke 2:51 tells us that Jesus “went down with them and came to Nazareth, and was obedient to them.”  Jesus was subject to Mary and Joseph.  In imitation of Christ, we then turn to His Mother for intercession.

In the synoptic gospels, Jesus also addressed a specific question: Who are my mother and brothers?  To which he responded “Whoever does the will of God is my brother and sister and mother” (Cf. Mk 3:31-35; Mt 12:46-50; Lk 8:19-21).   Similarly, in Paul’s letter to the Ephesians 1:5 he describes our status as adopted children of God:  “He destined us for adoption to himself through Jesus Christ, in accord with the favor of his will.”  Through Christ, we have become sons and daughters of God, brothers and sisters.  As a family, we need a Father (God) and a mother, (Mary).  In addition to Mary as our mother, we have a mother in the Church; as the adage goes, what can be said of Mary, can also be said of the Church.

Conclusion

Devotion to Mary should be natural for us as we look to her as a mother.  When we honor Mary, we honor Christ.  As a Mother,  she cares for her children and makes intercession for them.  She asks the Father to bestow blessing upon them, which in turn has earned her the reward of being a mediatrix or distributrix of grace.  God has accorded many privileges to Mary which have been made known through the teaching authority of the Church.  She was preserved from the stain of original sin and was assumed body and soul into Heaven where she now reigns as Queen with her Son.

During the month of May, the children of Mary will flock to her intercession.  Since May is Mary’s month, people may take up the practice of the daily rosary, add a few extra Marian prayers like the Memorare or the Litany of Loreto to their daily repoitoire, crown an image of Mary with flowers, or make a Marian pilgrimage.  As the children of Mary, our Marian devotion are the ways in which we tell Mary we love her.  During this month, let us give Mary our love.  Ave Maria!

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Fr Edward Looney is a priest of the Diocese of Green Bay, Wisconsin and is the author of the best-selling rosary devotional A Rosary Litany.

Source: Adapted from article originally published at ignitiumtoday.com
Image credit: Fr. Lawrence Lew on Flickr


Español

Mayo es el Mes de María: Fundamento Bíblico de la Devoción Mariana

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por el Padre Edward Lee Looney

Como Iglesia, nos gusta dedicar días, meses y años a causas e intenciones concretas. Los jueves han sido honrados como un día dedicado a la Eucaristía y al sacerdocio; los viernes a la Pasión de Nuestro Señor, y los sábados a Nuestra Madre. Durante la última década, nuestros papas han hecho un llamado a celebraciones específicas a lo largo del año: el Rosario, la Eucaristía, y San Pablo. El mes de junio ha sido dedicado al Sagrado Corazón, julio a la Sangre Preciosa, octubre al Santo Rosario y noviembre a los Fieles Difuntos. Podemos decir que nuestra Iglesia ama sus devociones, las cuales contribuyen a la espiritualidad de sus fieles.

En la reflexión de hoy. A través del cristal de las Sagradas Escrituras nos hacemos la siguiente pregunta: ¿Por qué ser devoto de la Virgen María?

Base Bíblica

La devoción a la Santísima Virgen María está profundamente arraigada en las Sagradas Escrituras. Podemos echar una mirada a tres ejemplos: Elizabeth, María y Jesús. Tras escuchar el anuncio del Ángel Gabriel, "¡Alégrate!, llena de gracia” (Lucas 1,28) y el diálogo subsiguiente en el que le es revelado que Isabel está encinta, María fue a toda prisa a la casa de Isabel y Zacarías. Tras el saludo de María a Isabel, Juan el Bautista saltó en su vientre lleno de gozo, causando que Isabel proclamara: "Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre" (Lucas 1,42). Isabel reconoció a María como la Madre del Señor. En los evangelios, Isabel se convierte en la primera en cantar las alabanzas a la Virgen María.

Después de que Isabel proclamara su alabanza a María, María continuó profetizando sobre las futuras generaciones de devoción Mariana en su Magníficat. El Libro del Pueblo de Dios traduce la frase, " En adelante todas las generaciones me llamarán feliz" (Lucas 1,48). Al relatar en su alabanza la bondad de Dios hacia ella y hacia todo Israel, María entendió que las generaciones futuras la llamarían bendita porque ella iba a ser la Madre de Jesús, el Hijo de Dios.

El tercer ejemplo que podemos extraer de las escrituras es el ejemplo del mismo Jesús. Como Hijo, Él fue obediente a Su madre porque Él había recibido Su naturaleza humana de ella. El Decálogo, (los Diez Mandamientos), nos exhorta a honrar a nuestro padre y madre; Jesús estaba sujeto a este mandamiento. Al honrar a Su madre en la tierra, Jesús honró a su Padre celestial. En el Evangelio de San Juan, Jesús mismo desde la cruz confió a María a Juan y a Juan a María. (Juan 19,26-27) Esta acción, convirtió a María en la madre de todos los creyentes.

En su carta a los Gálatas, San Pablo nos dice: "y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí: la vida que sigo viviendo en la carne, la vivo en la fe en el Hijo de Dios, que me amó y se entregó por mí"(2,20)." En su Primera Carta a los Corintios, San Pablo expresa: "Sigan mi ejemplo, así como yo sigo el ejemplo de Cristo" (11,1). Si queremos que Cristo viva en nosotros y a través de nosotros y si queremos ser imitadores de Cristo, debemos tener un amor filial por la Virgen María. San Lucas nos dice que Jesús "regresó con sus padres a Nazaret y vivía sujeto a ellos" (2,51). Jesús estaba sujeto a María y a José. En imitación de Cristo, nosotros acudimos a Su Madre en busca de su intercesión.

En los evangelios sinópticos, Jesús también abordó una pregunta específica: ¿Quiénes son mi madre y mis hermanos? A lo que Él mismo respondió "Porque el que hace la voluntad de Dios, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre” (Cf. Mc 3:31-35; Mt 12:46-50; Lc 8:19-21). Del mismo modo, en la Carta a los Efesios, San Pablo describe nuestro estatus como hijos adoptivos de Dios: "Él nos predestinó a ser sus hijos adoptivos por medio de Jesucristo, conforme al beneplácito de su voluntad" (1,5). A través de Cristo, nos hemos convertido en hijos de Dios, hermanos y hermanas. Como familia, necesitamos un Padre (Dios) y una madre (María). Además de María como nuestra madre, tenemos una madre en la Iglesia; como dice el adagio, lo que se puede decir de María también se puede decir de la Iglesia.

Conclusión

La devoción a María debe ser algo natural para nosotros porque es nuestra madre. Cuando honramos a María, honramos a Cristo. Como madre, ella cuida de sus hijos e intercede por ellos. Le pide al Padre que los bendiga, lo cual a su vez le ha valido la recompensa de ser mediadora o distribuidora de gracia. Dios le ha otorgado muchos privilegios los cuales se han dado a conocer a través de la autoridad doctrinal de la Iglesia. Ella fue preservada de la mancha del pecado original y fue asumida en cuerpo y alma al cielo donde ahora reina junto a su Hijo.

Durante el mes de mayo, los hijos de María se congregarán en busca de su intercesión. Debido a que mayo es el mes de María, la gente puede meditar el Santo Rosario todos los días, añadir unas cuantas Oraciones Marianas adicionales como el Memorare o la Letanía de Loreto a su repertorio diario, coronar una imagen de María con flores, o realizar una peregrinación Mariana. Como hijos de María, nuestra devoción Mariana consiste en las formas en las que mostramos nuestro amor a María. Durante este mes, démosle todo nuestro amor. ¡Ave María!

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El Padre Edward Looney es un sacerdote de la Diócesis de Green Bay, Wisconsin y es el autor del devocional más vendido del Rosario A Rosary Litany.

Fuente: Adaptado del artículo originalmente publicado en ignitiumtoday.com

Crédito fotográficoFr. Lawrence Lew en Flickr


 

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