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Fact: The Truth does set us free

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En Español

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Fact: The Truth does set us free

By Helen Osman

President Donald Trump has made “fake news” such an urgent topic that Pope Francis addressed it in his message for World Communications Day, which is on May 13 this year.

Fake news is not new, of course. Scripture reminds us lies have been with us since the Garden of Eden. And whether it is government propaganda, corporate cover-up, yellow journalism, petty gossip, or the devil, manipulating the truth has never ended well.

While fake news is as old as humanity, what’s new is social media and its ability to amplify everything, regardless of its truthfulness. “’Fake news’ often goes viral, spreading so fast that it is hard to stop,” Pope Francis writes, “because it appeals to the insatiable greed so easily aroused in human beings.” He warns that viral lies make us victims of “the deceptive power of evil.”

The world is an extremely complex place, and the simple answers we find on Facebook and Twitter are so very tempting. Here’s two points I try to remember before I hit the “share” button:

  1. What’s the motive? Is the content presented so that it takes only a second or two for me to vehemently agree or disagree? Am I being psychologically manipulated by those whose goal is to encourage polarization and division? When I told a friend on Facebook that the post he had shared was completely fabricated, his reply was “I don’t care; I still think [the politician] is an idiot.” If we believe the truth sets us free (Jn 8:32), what happens to us when we stifle the truth with false memes, prejudice and our stubborn ignorance?
     
  2. What’s the source? Does the article cite any experts? If so, are they real experts, or just someone being quoted? If it sounds too ridiculous to be true, I trust my own intelligence. While the number of websites claiming to be news sites has grown astronomically, very few employ journalistic technique, which includes checking accuracy and offering diverse views. Journalists aren’t perfect, but their professional reputation is what keeps them employed. I try to take a few minutes to check the post against a reputable fact-checking website. Professional journalists have nothing to gain – and we lose our souls -- by spreading lies.
     

It’s encouraging to know more universities are offering media literacy courses. Although the Holy See’s ongoing call for media literacy expressed since the Second Vatican Council – even in this year’s World Communications Day message -- has gone largely unheeded, some Catholic leaders are championing catechetical endeavors in this arena. I hope we can make media literacy a mandatory part of young people’s education – including in their faith formation, and I encourage my fellow “digital immigrants” to become more skilled in media literacy.

We need to understand the difference between raw, unmediated information (sometimes outright “alternative facts”) and independent, verified reporting. We also need to accept the responsibility that comes with the ability to create our own media, using our smartphones. Mass communication allowed us to be somewhat passive recipients of information. Digital media, by its very nature, requires us to be active sharers of information. Our faith compels us to be ethical and morally sound in our contributions.

The World Communications Day message can be found on the Vatican’s website at www.vatican.va. Helen Osman is president of the World Association of Catholic Communicators, or SIGNIS (www.signis.net).
 


Español

Realidad: La Verdad nos hace libres

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Realidad: La Verdad nos hace libres

Por Helen Osman

El Presidente Donald Trump ha hecho de las “noticias falsas” un tema tan urgente que el Papa Francisco lo abordó en su mensaje de la Jornada Mundial de las Comunicaciones, que este año tendrá lugar el 13 de mayo.

Desde luego que las noticias falsas no son noticias. Las Sagradas Escrituras nos recuerdan que las mentiras han estado entre nosotros desde el Jardín del Edén. Y ya sea que se trate de propaganda gubernamental, encubrimiento corporativo, periodismo amarillista, chismes, o del diablo, la manipulación de la verdad nunca acaba bien.

Si bien las noticias falsas son tan antiguas como la humanidad, la novedad son los medios de comunicación social y su capacidad para amplificarlo todo, independientemente de su veracidad. " Las [noticias falsas] se convierten a menudo en virales, es decir, se difunden de modo veloz y difícilmente manejable", escribe el Papa Francisco, "porque apelan a la avaricia insaciable tan fácilmente despertada en los seres humanos. El Papa advierte que las noticias virales nos hacen victimas del "poder engañoso del mal".

El mundo es un lugar extremadamente complejo, y las respuestas simples que encontramos en Facebook y Twitter son demasiado tentadoras. Les presento dos puntos que trato de recordar antes de presionar el botón de "compartir":

  1. ¿Cuál es el motivo? ¿El contenido es presentado de manera que en un segundo o dos estoy vehemente de acuerdo o desacuerdo? ¿Estoy siendo manipulado psicológicamente por quienes tienen el objetivo de fomentar la polarización y la división? Cuando le comenté a un amigo en Facebook que la publicación que había compartido era totalmente fabricada, me respondió, "no me importa; sigo pensando que [el político] es un idiota. " ¿Si creemos que la verdad nos hace libres (Jn 8,32), que nos pasa cuando acallamos la verdad con falsos memes, prejuicios y nuestra obstinada ignorancia?

 

  1. ¿Cuál es la fuente? ¿El artículo cita a expertos? ¿Si es así, son verdaderos expertos, o simplemente se cita a alguien? Si suena demasiado ridículo para ser verdad, confío en mi propia inteligencia. Si bien el número de sitios web alegando que son sitios de noticias ha crecido astronómicamente, muy pocos emplean una técnica periodística que incluya comprobación de exactitud y que ofrezca diversos puntos de vista. Aunque los periodistas no son perfectos, su reputación profesional es lo que los mantiene empleados. Intento tomar unos minutos para comparar la publicación con la de un sitio web de verificación confiable. Los periodistas profesionales no tienen nada que ganar – y perdemos nuestras almas – al propagar mentiras.
     

Es alentador saber que cada vez más universidades ofrecen cursos acerca de alfabetización mediática. Aun cuando la Santa Sede ha realizado un llamado continuo para la alfabetización mediática desde el Concilio Vaticano II – incluso en el mensaje de la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales de este año – no ha recibido la atención que merece, algunos líderes Católicos son apoyando iniciativas catequéticas en esta arena. Espero que podamos hacer la alfabetización mediática una parte obligatoria de la educación de los jóvenes, incluyendo su formación en la fe, y animo a mis compañeros "inmigrantes digitales" a que sean más competentes en la alfabetización mediática.

Debemos entender la diferencia entre la información cruda, no mediada (a veces "hechos alternativos" absolutos) y la presentación de informes independientes, verificados. También tenemos que aceptar la responsabilidad que viene con la posibilidad de crear nuestros propios medios de comunicación, utilizando nuestros teléfonos. La comunicación de masas nos permitió ser de alguna manera receptores pasivos de información. Los medios digitales, por su propia naturaleza, nos exigen ser partícipes activos de la información. Nuestra fe nos obliga a realizar aportaciones ética y moralmente sanas.

Puede encontrar el mensaje de la Jornada Mundial de las Comunicaciones en el sitio web del Vaticano www.vatican.va. Helen Osman es presidente de la Asociación Mundial de Comunicadores Católicos, SIGNIS (www.signis.net).


 

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