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Come Holy Spirit!

Publish date: Saturday, June 7, 2014
En Español

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Veni, Sancte Spiritus! Come Holy Spirit, fill the hearts of your faithful, and kindle in them the fire of your love! The pouring of the Holy Spirit at Pentecost crowns God’s Salvation Plan and commemorates the birth of the new people of God, the Church.  

A large number of devout Jews had come to Jerusalem, as required by the custom, to celebrate the Feast of Weeks, also called Shavout or Pentecost. This feast, celebrated fifty days after Easter, commemorates the moment in which the people of Israel received the Ten Commandments after having experienced God's saving action freeing them from Egypt.

Pope Francis gave a very vivid description of that day in his Homily for Pentecost last year:

“But what happened on that day, so distant from us and yet so close as to touch the very depths of our hearts? Luke gives us the answer in the passage of the Acts of the Apostles which we have heard (2:1-11). The evangelist brings us back to Jerusalem, to the Upper Room where the apostles were gathered. The first element which draws our attention is the sound which suddenly came from heaven “like a strong driving wind”, and filled the house; then the “tongues as of fire” which divided and came to rest on each of the apostles. Sound and tongues of fire: these are clear, concrete signs which touch the apostles not only from without but also within: deep in their minds and hearts. As a result, all of them "were filled with the Holy Spirit”, who unleashed his irresistible power with amazing consequences: they all “began to speak in different languages, as the Spirit gave them ability”. A completely unexpected scene opens up before our eyes: a great crowd gathers, astonished because each one heard the apostles speaking in his own language. They all experience something new, something which had never happened before: “We hear them speaking in our own tongues”. And what is it that they are they speaking about? “The mighty acts of God”.”

The same Spirit that was sweeping over the waters in the beginning, the same breath of life that God blew into his creation to give it life, the same spirit that accompanied the people of Israel during their journey through the desert, the same spirit who spoke for the prophets, the same spirit that came upon Mary when she conceived, was now inaugurating the new creation of God and the new covenant through his son Jesus Christ.


Español

¡Ven Espíritu Santo!

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¡Veni, Sancte Spiritus! Ven Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor. La venida del Espíritu Santo en Pentecostés corona el Plan de Salvación de Dios y conmemora el nacimiento del nuevo pueblo de Dios, la Iglesia.

Un gran número de judíos devotos se habían dado cita en Jerusalén, según lo requerido por la costumbre, para celebrar la Fiesta de las Semanas, también llamada Shavout o Pentecostés. Esta fiesta, celebrada cincuenta días después de Pascua, conmemora el momento en el que el pueblo de Israel recibió los Diez Mandamientos después de haber experimentado la acción salvadora de Dios al liberarlos de la esclavitud en Egipto.

El Papa Francisco nos dio una vívida descripción en su Homilía de Pentecostés del año pasado:

“Pero, ¿qué sucedió en aquel día tan lejano a nosotros, y sin embargo, tan cercano, que llega hasta lo más profundo de nuestro corazón? San Lucas nos da la respuesta en el texto de los Hechos de los Apóstoles que hemos escuchado (2,1-11). El evangelista nos lleva hasta Jerusalén, al Cenáculo donde se encuentran reunidos los Apóstoles. El primer elemento que llama nuestra atención es el estruendo que llega de repente del cielo, ‘como una fuerte ráfaga de viento’, y que llenó toda la casa; luego, las ‘lenguas como de fuego,’ que se dividían y se posaban encima de cada uno de los Apóstoles. Estruendo y lenguas de fuego son signos claros y concretos que tocan a los Apóstoles, no sólo exteriormente, sino también interiormente: en su mente y en su corazón. Como consecuencia, ‘todos quedaron llenos del Espíritu Santo’, que desencadenó su fuerza irresistible, con resultados sorprendentes: ‘Comenzaron a hablar en distintas lenguas, según el Espíritu les permitía expresarse’. Presenciamos, entonces, una situación totalmente sorprendente: una gran multitud que se congrega y queda admirada porque cada uno de ellos oye hablar a los Apóstoles en su propia lengua. Todos experimentan algo nuevo, que nunca antes había sucedido: ‘Los oímos hablar en nuestra lengua nativa.’ ¿Y de qué hablaban? ‘De las maravillas de Dios.’”

El mismo Espíritu que se movía sobre las aguas “en el principio,” el mismo aliento de vida con el que Dios animó su creación, el mismo Espíritu que acompañó al pueblo de Israel durante su travesía en el desierto, el mismo Espíritu que habló por los Profetas, el mismo Espíritu que descendió sobre María al concebir en su seno el Hijo de Dios, estaba ahora inaugurando la nueva creación de Dios y su nueva alianza a través de su Hijo Jesucristo.

 


 

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