Catholic Diocese of Dallas

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En Español - El Sorprendente Humor de San Juan XXIII

The Surprising Humor of St. John XXIII

Publish date: Saturday, April 26, 2014

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By Father James Martin, SJ

One night, in the late 1980s, during a retreat as a first-year Jesuit novice, I was poking around the retreat house library when I should have been praying.

By chance, I stumbled upon an old, cracked, yellowing paperback called “Wit and Wisdom of Good Pope John,” written by a man named Henri Fesquet, in 1964. Inside was a compilation of some of the wittiest stories about John XXIII, who died the year before the book was published. (Originally the book came out in French.) Reading the stories made me laugh out loud.

Even at that early stage of my Jesuit training, I had already heard John’s most famous joke. When the pope was innocently asked by a journalist how many people worked in the Vatican, he deadpanned, “About half of them.”

But my favorite story in Fesquet’s delightful book was of John XXIII visiting a hospital in Rome called the Hospital of the Holy Spirit, run by a group of Catholic sisters. As Fesquet tells the story, “The mother superior, deeply stirred by the papal visit, went up to him in order to introduce herself”:

“Most Holy Father,” she said, “I am the superior of the Holy Spirit.”

“Well, I must say you’re very lucky,” replied the pope. “I’m only the Vicar of Christ.”

It was that somewhat frivolous story that in an instant drew me to John XXIII. How wonderful to keep one's sense of humor, even while holding a position of such authority, when one could easily have become distant, cold or authoritarian. How wonderful to have a sense of humor at all! A requirement of the Christian life, I believe.

Anyway, who couldn't love a pope who had a sense of humor? Who couldn't feel affection for a man who was so comfortable about himself that he constantly made jokes about his height (which was little), his ears (which were big), and his weight (which was considerable). When he once met a little boy named Angelo, he exclaimed, “That was my name, too!” And then, conspiratorially, “But then they made me change it!”

Believe it or not, it was this book – and the revelation that a saint could have such a sense of humor – that began my devotion to this great and holy man, who is now a saint.

The need for humor in the spiritual life is often underplayed in Catholic circles. Humor is often seen as irrelevant, frivolous or silly. But as John XXIII and so many of the saints show us, it is an essential requirement for a healthy Christian life.

Some of the denigration of humor and laughter comes from a misunderstanding of not only the saints (many of whom had well developed senses of humor, contrary to the morose portraiture we see in churches) but also of Jesus. There are multiple signs of Jesus’s sense of humor in the New Testament – even though we can overlook them. Many of the parables, for example, are no longer amusing to us because we don’t live in first-century Palestine and so we fail to “get them.” The late New Testament scholar Daniel J. Harrington, SJ, told me that the original listeners would likely have found some of them “hilarious.” Theologically, we also need to remember that Jesus was fully human, and part of being fully human is having a sense of humor. Jesus laughed. So can we. So should we!

A sense of humor about oneself also enables one to maintain a healthy perspective on life. Saint John XXIII was able to take God seriously, to take the church seriously, but not to take himself too seriously. Humor, therefore, is a tool for humility. The pope often used to recount what he would say to himself when concerns about the church kept him up at night. As Fesquet reports:

“Pope John confessed that he had some difficulty in falling asleep on the night of the memorable day that he announced the convocation of the Second Vatican Council. He said that he talked to himself in this way:

“Giovanni, why don’t you sleep? Is it the pope or the Holy Spirit that governs the Church? It’s the Holy Spirit, no? Well, then, go to sleep, Giovanni!”

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James Martin, SJ, is a Jesuit priest, editor at large at America Magazine, and author of “Between Heaven and Mirth: Why Joy, Humor and Laughter are at the Heart of the Spiritual Life.” His new book is “Jesus: A Pilgrimage.”

Source: USCCB Blog

 


Español

El Sorprendente Humor de San Juan XXIII

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Por Padre James Martin, SJ

Una noche, en la década de los 1980s, durante un retiro como novicio Jesuita de primer año, me encontraba hurgando la biblioteca de la casa de retiro cuando debería haber estado orando.

Por casualidad, me topé con un libro viejo, gastado y amarillento de pasta blanda titulado "Ingenio y Sabiduría de Juan, el Papa Bueno," escrito por un hombre llamado Henri Fesquet en 1964. Se trataba de una recopilación de algunos de las historias más graciosas de Juan XXIII, quien falleció un año antes que el libro fuera publicado (originalmente el libro fue publicado en francés). El leer las historias me hizo reír a carcajadas.

En la etapa inicial de mi formación Jesuita, yo había oído la broma más famosa de Juan. Cuando un periodista preguntó inocentemente al papa cuántas personas trabajaban en el Vaticano, él le respondió en forma casual, "Mas o menos la mitad."

Pero mi historia favorita del encantador libro de Fesquet es cuando Juan XXIII, visitó un hospital de Roma llamado Hospital del Espíritu Santo, administrado por un grupo de hermanas Católicas. Fesquet narra la historia, "La madre superiora, profundamente conmovida por la visita papal, se dirigió a él con el fin de presentarse."

"Santo Padre," le dijo, "Soy la superiora del Espíritu Santo."

"Es usted muy afortunada," respondió el papa. "Yo sólo soy el Vicario de Cristo."

Fue esa historia, un tanto superficial, la que me atrajo instantáneamente hacia Juan XXIII. Es maravilloso ver a alguien que es capaz de mantener el sentido del humor, incluso al encontrarse en una posición de tal autoridad, cuando podría haber sido más fácil volverse distante, frío o autoritario. ¡Es maravilloso simplemente ser capaces de tener sentido del humor! Creo que debería ser un requisito para la vida cristiana.

De todos modos, ¿quién no ama un papa que tiene sentido del humor? ¿Quién podía no sentir afecto por un hombre que se siente tan bien consigo mismo que constantemente hace bromas acerca de su estatura (que era pequeña), orejas (que eran grandes) y peso (que era considerable)?

Cierta vez, al conocer a un niño llamado Ángelo, exclamó: "¡Ese también es mi nombre!" Y luego añadió con aire de complicidad, "¡Pero me hicieron cambiármelo!"

Lo creas o no, fue este libro – y la revelación de que un santo podría tener tal sentido del humor – lo que comenzó mi devoción a este gran y venerable hombre, quien ahora es un santo.

La necesidad de tener sentido del humor en la vida espiritual es a menudo subestimada en círculos Católicos. El humor es visto frecuentemente como algo irrelevante, frívolo o tonto. Sin embargo, Juan XXIII al igual que muchos  santos nos muestran que es un requisito esencial para una vida cristiana sana.

Parte del menosprecio del sentido del humor y la risa proviene de malentender no sólo a los santos (muchos de ellos tenían bien desarrollado su sentido del humor, muy contrario a la imagen taciturna que vemos en las iglesias), sino también a Jesús. Aunque puede ser que nos pasen desapercibidoas, existen múltiples señales del sentido del humor de Jesus en el Nuevo Testamento. Muchas de las parábolas, por ejemplo, no nos resultan divertidas porque no vivimos en la Palestina del primer siglo y no logramos "entenderlas." El erudito del Nuevo Testamento Daniel J. Harrington, SJ, me comentó que probablemente la audiencia original habría encontrado “comiquísimas” algunas de ellas. Teológicamente, también debemos recordar que Jesús era completamente humano y parte del ser totalmente humano es tener sentido del humor. Jesús rio. Así que nosotros también podemos hacerlo. ¡Y debemos hacerlo!

Mantener un sentido del humor acerca de uno mismo, nos permite mantener una perspectiva saludable en la vida. San Juan XXIII fue capaz de tomar en serio a Dios, de tomar en serio la Iglesia, pero de no tomarse a sí mismo demasiado en serio. El humor es, por lo tanto, una herramienta para la humildad. El papa frecuentemente contaba lo que se decía a sí mismo cuando las preocupaciones de la Iglesia lo mantenían en vela. Como nos dice Fesquet:

"El Papa Juan confesó que tenía dificultad para conciliar el sueño en la noche del día memorable que anunció la convocatoria del Concilio Vaticano Segundo. Dijo que se habló a si mismo de esta manera:

"Giovanni, ¿por qué no te duermes? ¿Es el Papa o el Espíritu Santo quien gobierna la Iglesia? ¿Es el Espíritu Santo, no? Bueno, entonces ¡a dormir, Giovanni!"

James Martin, SJ, es un sacerdote jesuita, editor general de América Magazine y autor de "Entre el Cielo y el Jubilo: Porqué la Alegría, el Humor y la Risa están en el Corazón de la Vida Espiritual." Su nuevo libro "Jesús: un Peregrinaje."

Fuente: USCCB Blog