Catholic Diocese of Dallas

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En Español - Declaración del Obispo Edward J. Burns acerca de la situación actual de inmigración en los Estados Unidos y la Diócesis de Dallas

Statement by Bishop Edward J. Burns on the Current Situation of Immigration to the US and the Diocese of Dallas

Publish date: Friday, March 10, 2017

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America was built on the idea of new people coming together in a new place to take on new challenges. We are blessed to live in this country, and for the most part, many of us come from immigrant families.  In fact, genealogy companies promote DNA testing kits in order for us to identify the various countries of our ancestors. At the same time, the vast majority of children in this country are able to identify the basic principles that make this nation great ̶ freedom, human rights, dignity, liberty, opportunity, etc. – and understand the history that allowed these virtues to be enshrined as basic human rights.  Just as importantly, they are able to identify the very statue that proclaims, "Give me your tired, your poor, your huddled masses yearning to breathe free."  My parents grew up in a neighborhood of immigrants. These were not realities to be feared, but to be celebrated.

Just last year, our Holy Father, Pope Francis, blessed the cross that stands between El Paso and Ciudad Juarez along the US-Mexico border, a symbol of Jesus Christ who, along with the Blessed Mother and St. Joseph, made up the Holy Family.  At one point, they were refugees.  The Holy Family fled to escape the persecution of King Herod and sought safety in Egypt.  Someone had to have welcomed them; someone had to have taken them in.

At a meeting in February, bishops on both sides of the US-Mexico border issued a statement about the current crisis concerning immigrants and refugees. They noted the fact that “immigration is a global phenomenon arising from economic and social conditions of poverty and insecurity. It directly displaces entire populations causing families to feel that migration is the only way to survive.”

We recognize that every country has a responsibility to protect its borders. Even more fundamental than this, every country has a fundamental responsibility to uphold the human dignity of every person. It seems to me that fear is being experienced on both sides of the immigration issue: on the one side, people in fear of attack or terrorism; on the other, immigrant families in fear of being torn apart. Decisions made in the grip of fear seldom reflect our best thinking and do not allow for us to all thrive together and find the best way forward together.

At the time of the announcement of my coming to Dallas, I said to the immigrant community that the Catholic Church is in solidarity with you.  Now, as your bishop,  I am concerned for the members of our local immigrant community. I recognize that many of you live in fear and uncertainty, filled with anxiety and doubt, and terribly concerned about loved ones and the unity of your families.  The Catholic Church is a mother to all her children, and as a mother loves her children, she will always seek to protect and provide for her children. 

In response to recent developments, I am forming an Immigration Task Force to assist the Diocese of Dallas in responding to the needs of the immigrant community.  This task force will build on the good work that has already taken place on the part of Catholic Charities of Dallas and in various parishes around the diocese.  This task force will help the diocese address the pastoral, legal, and general needs of those facing the uncertainty of today’s immigration issues in the United States and will report back to the Diocesan Senior Staff. 

The Catholic Church will continue to uphold the human dignity that is given to all people by God.  We recognize and welcome everyone as our brothers and sisters.  We know that fractured families will only lead to a fractured society.  We will work tirelessly with government officials as they address immigration reform in this country.  Through it all, the Church stands ready to "welcome the stranger" as we would welcome Christ himself. As one nation under God, it is my hope that we will continue to pray for all people and treat all human beings with the dignity and respect they deserve as children of God.


Español

Declaración del Obispo Edward J. Burns acerca de la situación actual de inmigración en los Estados Unidos y la Diócesis de Dallas

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Los Estados Unidos de América fueron edificados con la idea de nuevas personas uniéndose en un nuevo sitio para asumir nuevos retos. Somos bendecidos de vivir en este país, y en su mayoría, muchos de nosotros provenimos de familias inmigrantes. De hecho, empresas de servicios genealógicos promueven el uso de equipos de prueba de DNA para identificar los diferentes países de nuestros antepasados. Al mismo tiempo, la gran mayoría de los niños en este país son capaces de identificar los principios básicos que constituyen la grandeza de esta nación – libertad, derechos humanos, dignidad, oportunidad, etc. – y de entender la historia que permitió que estas virtudes sean consagradas como derechos humanos básicos. De igual manera, son capaces de identificar la estatua que proclama, "Denme a mi sus fatigados, sus pobres, sus abigarradas masas, anhelantes de libre respirar". Mis padres crecieron en un barrio de inmigrantes. Estas realidades no no debían ser temidas sino celebradas.

Apenas el año pasado, nuestro Santo Padre, Papa Francisco, bendijo la cruz que se encuentra entre El Paso y Ciudad Juárez al lado de la frontera entre México-Estados Unidos, un símbolo de Jesucristo, quien, junto con la Madre Santísima y San José, formaron la Sagrada Familia. En un momento dado, ellos fueron refugiados. La Sagrada Familia huyó para escapar de la persecución del Rey Herodes y buscó refugio en Egipto. Alguien tuvo que haberlos acogido; alguien tuvo que haberlos recibido.

En una reunión en febrero, los obispos en ambos lados de la frontera México-Estados Unidos emitieron una declaración acerca de la crisis actual con respecto a inmigrantes y refugiados. Señalaron que "la inmigración es un fenómeno global derivado de las condiciones económicas y sociales de pobreza e inseguridad. Que directamente desplaza poblaciones enteras causando que familias sientan que la migración es la única forma de sobrevivir."

Reconocemos que cada país tiene la responsabilidad de proteger sus fronteras. Pero aún más importante que esto es que cada país tiene la responsabilidad fundamental de defender la dignidad humana de cada persona. Me parece que el  miedo se encuentra en ambos lados de la cuestión de inmigración: por un lado, las personas tienen miedo de un ataque o de ser víctimas del terrorismo; por otro lado, las familias inmigrantes tienen miedo de ser separadas. Las decisiones del gobierno o de los miembros de las familias basadas en el miedo no reflejan lo mejor de nosotros mismos ni nos permiten prosperar juntos.

Al momento del anuncio de mi venida a Dallas, yo le dije a la comunidad inmigrante que la Iglesia Católica está en solidaridad con ellos. Ahora, como su obispo, estoy preocupado por los miembros de nuestra comunidad inmigrante local. Reconozco que muchos de ustedes viven llenos de miedo e incertidumbre, llenos de ansiedad y duda y terriblemente preocupados por sus seres queridos y la unidad de sus familias. La Iglesia Católica es una madre para todos sus hijos, y como madre, ama a sus hijos y siempre buscará la protección y el sostenimiento de sus hijos.

En respuesta a los acontecimientos recientes, estoy formando un Grupo de Trabajo de Inmigración para ayudar a la Diócesis de Dallas a responder a las necesidades de la comunidad inmigrante. Este grupo de trabajo se establecerá sobre la buena labor que han realizado Caridades Católicas de Dallas y varias parroquias en la diócesis. Dicha fuerza laboral ayudará a la diócesis a abordar las necesidades pastorales, legales y generales de quienes enfrentan la incertidumbre de las cuestiones actuales de inmigración en los Estados Unidos e informará al Personal Directivo Diocesano.

La Iglesia Católica continuará respetando la dignidad humana que Dios otorga a todas las personas. Reconocemos y acogemos a todos como nuestros hermanos y hermanas. Sabemos que las familias fracturadas sólo conducirán a una sociedad fracturada. Trabajaremos incansablemente junto a funcionarios del gobierno a medida que abordan una reforma migratoria en este país. En medio de todo, las Iglesia está dispuesta a "dar la bienvenida al forastero" como lo haríamos con el mismo Cristo. Como una nación bajo Dios, espero que continuemos orando por todas las personas y tratando a todos los seres humanos con la dignidad y el respeto que merecen como hijos de Dios.

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