Catholic Diocese of Dallas

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En Español - San Maximiliano Kolbe - Mártir de la Caridad

St. Maximilian Kolbe – Martyr for Charity

Publish date: Monday, August 14, 2017

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“Greater love than this no man hath, that a man lay down his life for his friends.” - John 15:13

These were the opening words of the papal decree introducing his beatification. St. Maximilian Kolbe was arrested in Poland in February of 1941, and in May sent to the Auschwitz death camp. As prisoner #16670, he eventually laid down his life for another prisoner on August 14, 1941, at the young age of 47.

When a prisoner escaped late in July of that year, ten men from his barracks were picked to suffer death by starvation as both punishment and deterrent. Fr. Maximilian offered to take the place of one of the men; Franciszek Gajowniczek had let out a cry of pain for his family and this holy priest volunteered to take his place.

What followed were weeks of unimaginable horror, as the men suffered the pains of dehydration and starvation. But this holy man not only offered to be one of the suffering, he ministered to them as well. After three weeks there were only four prisoners left alive. It was on this day in 1941, the day before the Church celebrates the Assumption of St. Maximilian’s beloved Mary, the Immaculata, that Fr. Kolbe and three fellow prisoners were killed with injections of carbolic acid.

By the late 1940’s the cause for Fr. Kolbe's beatification had begun. He was beatified by Pope Paul VI in 1971 and canonized by his fellow Pole, Pope John Paul II in 1982.

There was one extraordinary man in attendance at St. Maximilian’s canonization: Franciszek Gajowniczek. Though spared the torture of the starvation bunker, Gajowniczek had still suffered greatly. He was in Auschwitz for over five years and his sons did not live to see the day of his release. Those prisoners who had grown so fond of Fr. Kolbe were particularly cruel to Gajowniczek, as they blamed him for the loss of their beloved friend and priest. But he received consolation in 1982, in St. Peter’s Square, when the man who offered his life for Franciszek's was declared a saint.

One of the lessons we might learn from all this is that what we call civilization is a rather thin veneer, and what lies beneath this surface is a terrifying heart of darkness. Christians, who are called to live in the truth, must be realists about this and cannot afford to be naive.

It was in the heart of civilized Europe, among the fading remains of Christian culture, that the death camps were built and millions of innocent men, women and children were put to death for no other reason than that their very existence challenged the ideological conceits of their oppressors.

In the midst of the world's darkness, we are called by our Baptism to be a light in the shadows of this fallen world. Saint Maximilian is one such light, his life and death stands as a testimony to Christ, the eternal light, whom the darkness cannot overcome.

For too many Christians, the faith is a safe routine, a kind of philosophy of self-improvement, something meant to be comfortable and comforting.

The witness of St. Maximilian stands against this illusion. Christian faith is not so much about safety as it is about risk. It is meant to take us out into the world, into the shadows, to be a light to show the way home to those who live in darkness.

May St. Maximilian intercede for us. May we imitate his selfless courage. May the fire of his holy light enkindle the embers of faith that may have grown cold in our own hearts.

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Sources – WordOnFire.org (8/14/2015) and WordOnFire.org (8/14/2014)


Español

San Maximiliano Kolbe - Mártir de la Caridad

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“No hay amor más grande que dar la vida por los amigos”. - Juan 15,13

Estas fueron las palabras de apertura del decreto papal introduciendo su beatificación. San Maximiliano Kolbe quien fuera arrestado en Polonia en febrero de 1941 y enviado al campo de concentración de Auschwitz en mayo del mismo año. Como prisionero #16670, él eventualmente dio su vida por otro prisionero el 14 de agosto de 1941, a la edad de 47 años.

Cuando un preso escapó en julio de ese año, diez hombres de su barraca fueron elegidos para sufrir de muerte por inanición tanto como castigo como por disuasión. El Padre Maximiliano se ofreció a tomar el lugar de uno de los hombres; Franciszek Gajowniczek dejó escapar un grito de dolor por su familia y este santo sacerdote se ofreció a tomar su lugar.

Lo que siguió fueron semanas de horror inimaginable. Los hombres sufrieron los dolores de la deshidratación y la inanición. Pero este hombre santo no sólo se ofreció a ser uno de los sufrientes, sino que también les sirvió como ministro. Después de tres semanas solo quedaban cuatro presos vivos. Fue este día en 1941, el día antes del que la Iglesia celebra la Asunción de la amada María de San Maximiliano, la Inmaculada, cuando el Padre Kolbe y otros tres presos fueron asesinados con inyecciones de ácido carbólico.

A finales de 1940, comenzó la causa de beatificación del Padre Kolbe. Fue beatificado por el Papa Pablo VI en 1971 y canonizado por su colega polaco, el Papa John Paul II en 1982.

Un hombre extraordinario asistió a la canonización del St Maximiliano: Franciszek Gajowniczek. Aunque se salvó de la tortura de la barraca de inanición, Gajowniczek sufrió mucho. Estuvo en Auschwitz durante más de cinco años y sus hijos no vivieron para ver el día de su liberación. Los presos que se habían encariñado con el Padre Kolbe eran particularmente crueles con Gajowniczek, ya que lo culpaban de la pérdida de su querido amigo y sacerdote. Sin embargo, él fue consolado en 1982, en la Plaza de San Pedro, cuando el hombre que ofreció su vida a cambio de la de él fue declarado santo.

Una de las lecciones podemos aprender de todo que esto es que lo que llamamos civilización es una chapa bastante delgada, y lo que se encuentra bajo esta superficie es un terrible corazón de tinieblas. Los Cristianos, llamados a vivir en la verdad, deben ser realistas acerca de esto y no pueden permitirse ser ingenuos.

En el corazón de la civilizada Europa, entre los restos del desvanecimiento de la cultura Cristiana, fueron construidos los campos de concentración y millones de hombres, mujeres y niños inocentes fueron puestos a muerte sin ningún otro motivo que el desafío de su existencia a la superioridad ideológica de sus opresores.

En medio de la oscuridad del mundo, estamos llamados por nuestro bautismo a ser luz en las sombras de este mundo caído. San Maximiliano es dicha luz, su vida y muerte es un testimonio de Cristo, la luz eterna, que la oscuridad no puede superar.

Para muchos cristianos la fe es una rutina segura, una especie de filosofía de superación personal destinada a ser cómoda y reconfortante.

El testimonio de San Maximiliano se levanta contra esta ilusión. La fe Cristiana no es tanto sobre la seguridad como lo es sobre el riesgo. Está destinada a llevarnos hacia el mundo, en las sombras, a ser una luz que muestre el camino a casa a quienes viven en la oscuridad.

Que San Maximiliano interceda por nosotros y que nosotros podamos imitar su valentía desinteresada. Que el fuego de su santa luz encienda las brasas de la fe que pudiesen haberse enfriado en nuestros corazones.

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Fuentes – WordOnFire.org (8/14/2015) y WordOnFire.org (8/14/2014)