Catholic Diocese of Dallas

Facebook   Twitter   Facebook    Pinterest   LinkedIn   Vimeo   RSS      

 

En Español - La Natividad de San Juan Bautista

Solemnity of the Nativity of John the Baptist

Publish date: Friday, June 24, 2016

--

The Church observes the birth of John as a hallowed event. We have no such commemoration for any other fathers; but it is significant that we celebrate the birthdays of John and of Jesus. This day cannot be passed by. And even if my explanation does not match the dignity of the feast, you may still meditate on it with great depth and profit.

John is born of a woman too old for childbirth; Christ was born of a youthful virgin. The news of John’s birth was met with incredulity, and his father was struck dumb. Christ’s birth was believed, and he was conceived through faith.

Such is the topic, as I have presented it, for our inquiry and discussion. But as I said before, if I lack either the time or the ability to study the implications of so profound a mystery, he who speaks within you even when I am not here will teach you better; it is he whom you contemplate with devotion, whom you have welcomed into your hearts, whose temples you have become.

John, then, appears as the boundary between the two testaments, the old and the new. That he is a sort of boundary the Lord himself bears witness, when he speaks of the law and the prophets up until John the Baptist. Thus he represents times past and is the herald of the new era to come. As a representative of the past, he is born of aged parents; as herald of the new, he is declared to be a prophet while still in his mother’s womb. For when yet unborn, he leapt in his mother’s womb at the arrival of blessed Mary. In that womb he had already been designated a prophet, even before he was born; it was revealed that he was to be Christ’s precursor, before they ever saw one another. These are divine happenings, going beyond the limits of our human fraility. Eventually he is born, he receives his name, his father’s tongue is loosened. See how these events reflect reality

Zechariah is silent and loses his voice until John, the precursor of the Lord, is born and restores his voice. The silence of Zechariah is nothing but the age of prophecy lying hidden, obscured, as it were, and concealed before the preaching of Christ. At John’s arrival, it becomes clear when the one who was being prophesied is about to come. The release of Zechariah’s voice at the birth of John is a parallel to the rending of the veil at Christ’s crucifixion. If John were announcing his own coming, Zechariah’s lips would not have been opened. The tongue is loosened because a voice is born. For when John was preaching the Lord’s coming he was asked: Who are you? And he replied: I am the voice of one crying in the wilderness. The voice is John, but the Lord in the beginning was the Word. John was a voice that lasted only for a time; Christ, the Word in the beginning, is eternal.

From the Office of Readings, June 24

--

Video - Painting of "The Birth of Saint John the Baptist" - Pintura del "Nacimiento de San Juan Bautista"

Assistant Curator Margaret Iacono discusses Bartolomé Esteban Murillo's painting "The Birth of Saint John the Baptist," from the exhibition 'Masterpieces of European Painting from the Norton Simon Museum', which was on display at The Frick Collection in 2009.


Español

La Natividad de San Juan Bautista

--

La Iglesia celebra el nacimiento de Juan como algo sagrado, y él es el único de los santos cuyo nacimiento se festeja; celebramos el nacimiento de Juan y el de Cristo. Ello no deja de tener su significado, y, si nuestras explicaciones no alcanzaran a estar a la altura de misterio tan elevado, no hemos de perdonar esfuerzo para profundizarlo y sacar provecho de él. 

Juan nace de una anciana estéril; Cristo, de una jovencita virgen. El futuro padre de Juan no cree el anuncio de su nacimiento y se queda mudo; la Virgen cree el del nacimiento de Cristo y lo concibe por la fe.

Esto es, en resumen, lo que intentaremos penetrar y analizar; y, si el poco tiempo y las pocas facultades de que disponemos no nos permiten llegar hasta las profundidades de este misterio tan grande, mejor os adoctrinará aquel que habla en vuestro interior, aun en ausencia nuestra, aquel que es el objeto de vuestros piadosos pensamientos, aquel que habéis recibido en vuestro corazón y del cual habéis sido hechos templo. 

Juan viene a ser como la línea divisoria entre los dos Testamentos, el antiguo y el nuevo. Así lo atestigua el mismo Señor, cuando dice: La ley y los profetas llegaron hasta Juan. Por tanto, él es como la personificación de lo antiguo y el anuncio de lo nuevo. Porque personifica lo antiguo, nace de padres ancianos; porque personifica lo nuevo, es declarado profeta en el seno de su madre. Aún no ha nacido y, al venir la Virgen María, salta de gozo en las entrañas de su madre. Con ello queda ya señalada su misión, aun antes de nacer; queda demostrado de quién es precursor, antes de que él lo vea. Estas cosas pertenecen al orden de lo divino y sobrepasan la capacidad de la humana pequeñez. Finalmente, nace, se le impone el nombre, queda expedita la lengua de su padre. Estos acontecimientos hay que entenderlos con toda la fuerza de su significado. 

Zacarías calla y pierde el habla hasta que nace Juan, el precursor del Señor, y abre su boca. Este silencio de Zacarías significaba que, antes de la predicación de Cristo, el sentido de las profecías estaba en cierto modo latente, oculto, encerrado. Con el advenimiento de aquel a quien se referían estas profecías, todo se hace claro. El hecho de que en el nacimiento de Juan se abre la boca de Zacarías tiene el mismo significado que el rasgarse el velo al morir Cristo en la cruz. Si Juan se hubiera anunciado a sí mismo, la boca de Zacarías habría continuado muda. Si se desata su lengua es porque ha nacido aquel que es la voz; en efecto, cuando Juan cumplía ya su misión de anunciar al Señor, le dijeron: ¿Tú quién eres? Y él respondió: Yo soy la voz que grita en el desierto. Juan era la voz; pero el Señor era la Palabra que en el principio ya existía. Juan era una voz pasajera, Cristo la Palabra eterna desde el principio.

Del Oficio de Lectura, 24 de Junio