Catholic Diocese of Dallas

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En Español - Reflexiones del Papa Francisco en el Domingo de la Santísima Trinidad

Reflections on Trinity Sunday from Pope Francis

Publish date: Friday, June 9, 2017

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Today we celebrate the Solemnity of the Holy Trinity, which leads us to contemplate and worship the divine life of the Father, the Son and the Holy Spirit: a life of communion and perfect love, origin and aim of all the universe and of every creature: God. We also recognize in the Trinity the model for the Church, in which we are called to love each other as Jesus loved us. And love is the concrete sign that demonstrates faith in God the Father, Son and Holy Spirit. And love is the badge of the Christian, as Jesus told us: “By this all men will know that you are my disciples, if you have love for one another” (Jn 13:35). It’s a contradiction to think of Christians who hate. It’s a contradiction. And the devil always seeks this: to make us hate, because he’s always a troublemaker; he doesn’t know love; God is love!

We are all called to witness and proclaim the message that “God is love”, that God isn’t far and insensitive to our human affairs. He is close to us, always beside us, walking with us to share our joys and our sorrows, our hopes and our struggles. He loves us very much and for that reason he became man, he came into the world not to condemn it, but so the world would be saved through Jesus (cf. Jn 3:16-17). And this is the love of God in Jesus, this love that is so difficult to understand but that we feel when we draw close to Jesus. And he always forgives us, he always awaits us, he loves us so much. And we feel the love of Jesus and the love of God.

The Holy Spirit, gift of the Risen Jesus, conveys divine life to us and thus lets us enter into the dynamism of the Trinity, which is a dynamism of love, of communion, of mutual service, of sharing. A person who loves others for the very joy of love is a reflection of the Trinity. A family in which each person loves and helps one another is a reflection of the Trinity. A parish in which each person loves and shares spiritual and material effects is a reflection of the Trinity.

True love is boundless, but it knows how to limit itself, to interact with others, to respect the freedom of others. Every Sunday we go to Mass, we celebrate the Eucharist together and the Eucharist is like the “burning bush” in which the Trinity humbly lives and communicates; for this reason the Church placed the feast of Corpus Christi after that of the Trinity. 

May the Virgin Mary, perfect creation of the Trinity, help us to make our whole lives, in small gestures and more important choices, an homage to God, who is Love.

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Image credit: Fr. Lawrence Lew on Flickr


Español

Reflexiones del Papa Francisco en el Domingo de la Santísima Trinidad

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Hoy celebramos la Solemnidad de la Santísima Trinidad, que nos lleva a la contemplación y adoración de la vida divina del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo: una vida de comunión y de amor perfecto, origen y meta de todo el universo y de cada criatura: Dios. En la Trinidad reconocemos también el modelo de la Iglesia, en la que todos somos llamados a amarnos los unos a los otros como Jesús nos amó. Es el amor el signo concreto que manifiesta la fe en Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. Es el amor el emblema del cristiano, como nos dijo Jesús: « En esto todos reconocerán que ustedes son mis discípulos: en el amor que se tengan los unos a los otros» (Jn 13, 35). Es una contradicción pensar en cristianos que se odian. Es una contradicción. Y el diablo siempre busca esto: hacernos odiar, porque él siempre siembra la cizaña del odio; él no conoce el amor, ¡Dios es amor!

Todos estamos llamados a dar testimonio y anunciar que «Dios es amor», que Dios no está lejos y que no es insensible a nuestras experiencias humanas. Está cerca de nosotros, está siempre a nuestro lado, camina con nosotros para compartir nuestras alegrías y nuestras tristezas, nuestras esperanzas y nuestras fatigas. Nos ama tanto y hasta tal punto, que se hizo hombre, vino al mundo no para juzgarlo, sino para que el mundo se salve por medio de Jesús (cf. Jn 3, 16-17). Y este es el amor de Dios en Jesús, este amor que es tan difícil de comprender, pero que sentimos cuando nos acercamos a Jesús. Y Él nos perdona siempre, nos espera siempre, nos quiere mucho. Y el amor de Jesús que sentimos, es el amor de Dios.

El Espíritu Santo, don de Jesús resucitado, nos comunica la vida divina, y así nos hace entrar en el dinamismo de la Trinidad, que es un dinamismo de amor, de comunión, de servicio recíproco, de participación. Una persona que ama a los demás por la alegría misma de amar es un reflejo de la Trinidad. Una familia en la que se aman y se ayudan unos a otros, es un reflejo de la Trinidad. Una parroquia en la que se quieren y comparten los bienes espirituales y materiales, es un reflejo de la Trinidad.

El amor verdadero es ilimitado, pero sabe limitarse para salir al encuentro del otro, para respetar la libertad del otro. Todos los domingos vamos a misa, juntos celebramos la Eucaristía, y la Eucaristía es como la «zarza ardiente», en la que humildemente habita y se comunica la Trinidad; por eso la Iglesia ha puesto la fiesta del Corpus Christi después de la fiesta de la Santísima Trinidad.

Que la Virgen María, criatura perfecta de la Trinidad, nos ayude a hacer de toda nuestra vida, en los pequeños gestos y en las elecciones más importantes, un himno de alabanza a Dios, que es amor.