Catholic Diocese of Dallas

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En Español - Papa: El Triduo Pascual es la cúspide de nuestra vida Cristiana

Pope: The Easter Triduum is the apex of our Christian life

Publish date: Wednesday, April 1, 2015

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Pope Francis has urged the faithful to see the signs of the Risen Lord and open their hearts to a "present that is full of the future".

Speaking on Wednesday during the weekly General Audience, the Pope reflected at length on the celebration of the Sacred Triduum which begins on Holy Thursday, and during which we commemorate Jesus’ passion, death and resurrection.

The Easter Triduum – the Pope said – is the apex of our liturgical year and it is also the apex of our lives as Christians.

We begin the Triduum – he continued - by celebrating the Mass of the Lord’s Supper, as we recall Christ’s offering of his body and blood to the Father, which he gave to the Apostles as food for their nourishment, with the command that they perpetually celebrate these mysteries in his memory.

He said we also recall the Lord washing the Apostles’ feet, through which he showed that the “purpose of his life and passion was to serve God and neighbour, a service which we are called to imitate by loving one another as he loved us”.

This purpose – Pope Francis explained – is expressed also during our Baptism, when the Lord’s grace cleansed us from sin and we “put on the new self” in the image of Christ (Col 3, 10). And it happens each time we partake in the Eucharist and enter into Communion with Christ to obey his commandment to love Him as he loved us. If we take Communion without being sincerely ready to wash each other’s feet – Francis said – we do not acknowledge the Lord’s Body: “Jesus’ service is to give of himself, totally”.

On Good Friday – the Pope continued - we will meditate on the mystery of Christ’s death and we will adore the Cross.

During the last instants of his life, “before handing over the spirit” – he said – Jesus said “it is finished” (John 19, 30), meaning – the Pope explained – that Salvation has taken place; “that with his sacrifice Jesus has transformed the greatest injustice into the greatest love.”  

By his sacrifice – Francis said - sin has been overcome through love, an immense love which we are called to live and transmit.

Throughout the centuries – he continued – many men and women have borne witness to this perfect, uncontaminated love, with their very existence.

“I like to remember a heroic witness of our days, Fr Andrea Santoro, a priest of the Diocese of Rome and a missionary in Turkey” the Pope said.

Just a couple of days before being assassinated  in Trebizond he wrote: ‘I am here to live amongst the people and to allow Jesus to be here lending him my flesh (…) One becomes capable of salvation only when offering one’s flesh. The evils of the world must be carried and shared, one must allow them to be absorbed into one’s flesh, as Jesus did’.

Pope Francis said that Fr Santoro is a man of our time, and he said there are many other true martyrs today “who offer their lives with Jesus to confess their faith”.

How beautiful it will be – the Pope said – if at the end of our lives, with all of our errors and our sins as well as our works of charity and our love for our neighbour, we will be able to say: ‘it is finished’. And not with the perfection with which Jesus said it, but knowing that we did what we could.

Let us ask the Lord for the grace – the Pope said – to be able to say: “Father, I did what I could. It is finished”.  

On Holy Saturday – he continued - we will contemplate Jesus’ lying in the tomb, and with Mary, the Church will keep alive the flame of faith, hoping against every hope in Christ’s resurrection.

Then, at the Easter Vigil, when the Alleluia resounds again, we will celebrate the Risen Christ, the centre and fulfilment of the universe and history.

And pointing out that “at times the darkness of the night seems to penetrate into our souls; and that at times we think ‘there is nothing left to do’ and our heart seems to have lost the strength to love…”, Pope Francis said that it is in that very darkness that “Christ lights up the fire of God’s love: a flash of light breaks the darkness and announces a new beginning”.

It is in that darkness – he said – that Christ wins and lights the flame of love.

And urging the faithful to open their hearts to a “present which is full of future”, the Pope said “our life does not end before a tomb stone, our life continues with the hope of Christ who arose from the tomb”.

In these days - Pope Francis continued - may we not only observe the Lord’s Passion, but truly enter into its mystery, making our own the sentiments of Christ.  In this way, our Easter will indeed be blessed.

Source: News.va


Español

Papa: El Triduo Pascual es la cúspide de nuestra vida Cristiana

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 Ante miles de peregrinos reunidos en la plaza de San Pedro, el Obispo de Roma explicó con detalle el Triduo Pascual y pidió al Señor que “nos conceda a todos participar plenamente en el misterio de su muerte y resurrección haciendo nuestros sus propios sentimientos.”

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Mañana es Jueves Santo. En la tarde, con la Santa Misa “en la Cena del Señor” iniciará el Triduo Pascual de la pasión, muerte y resurrección de Cristo, que es el culmen de todo el año litúrgico y también el culmen de nuestra vida cristiana.

El Triduo se abre con la conmemoración de la Última Cena. Jesús, en la vigilia de su pasión, ofreció al Padre su Cuerpo y su Sangre bajo las formas del pan y del vino y, donándolos como alimento a los apóstoles, les ordenó que perpetuaran la ofrenda en su memoria. El Evangelio de esta celebración, recordando el lavatorio de los pies, expresa el mismo significado de la Eucaristía bajo otra perspectiva. Jesús – como un siervo – lava los pies de Simón Pedro y de los otros once discípulos (cfr. Jn 13,4-5).

Con este gesto profético, Él expresa el sentido de su vida y de su pasión, como servicio a Dios y a los hermanos: “Porque el mismo Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir” (Mc 10,45). 

Esto sucedió también en nuestro Bautismo, cuando la gracia de Dios nos ha lavado del pecado y nos hemos revestido de Cristo (cfr. Col 3,10). Esto sucede cada vez que realizamos el memorial del Señor en la Eucaristía: hacemos comunión con Cristo Siervo para obedecer a su mandamiento, aquel de amarnos como Él nos ha amado (cfr. Jn 13,34; 15,12). Si nos acercamos a la Santa Comunión sin estar sinceramente dispuestos a lavarnos los pies los unos a los otros, no reconocemos el Cuerpo del Señor. Es el servicio de Jesús donándose a sí mismo, totalmente.

Después, pasado mañana, en la liturgia del Viernes Santo, meditamos el misterio de la muerte de Cristo y adoramos la Cruz. En los últimos instantes de vida, antes de entregar el espíritu al Padre, Jesús dijo: “Todo se ha cumplido” (Jn 19,30). ¿Qué significa esta palabra, que Jesús diga: “Todo se ha cumplido”? Significa que la obra de la salvación está cumplida, que todas las Escrituras encuentran su pleno cumplimiento en el amor de Cristo, Cordero inmolado. Jesús, con su Sacrificio, ha transformado la más grande iniquidad en el más grande amor.

A lo largo de los siglos encontramos hombres y mujeres que con el testimonio de su existencia reflejan un rayo de este amor perfecto, pleno, incontaminado. Me gusta recordar un heroico testigo de nuestros días, Don Andrea Santoro, sacerdote de la diócesis de Roma y misionero en Turquía. Unos días antes de ser asesinado en Trebisonda, escribía: “Estoy aquí para habitar en medio de esta gente y permitir hacerlo a Jesús, prestándole mi carne… Nos hacemos capaces de salvación sólo ofreciendo la propia carne. El mal del mundo hay que llevarlo y el dolor hay que compartirlo, absorbiéndolo en la propia carne hasta el final, como lo hizo Jesús”. (A. Polselli, Don Andrea Santoro, las herencias, Città Nuova, Roma 2008, p. 31). Que este ejemplo de un hombre de nuestros tiempos, y tantos otros, nos sostengan en el ofrecer nuestra vida como don de amor a los hermanos, a imitación de Jesús. Y también hoy hay tantos hombres y mujeres, verdaderos mártires que ofrecen su vida con Jesús para confesar la fe, solamente por aquel motivo. Es un servicio, servicio del testimonio cristiano hasta la sangre, servicio que nos ha hecho Cristo: nos ha redimido hasta el final. ¡Y es éste el significado de aquella frase “Todo se ha cumplido”!

Qué bello será que todos nosotros, al final de nuestra vida, con nuestros errores, nuestros pecados, también con nuestras buenas obras, con nuestro amor al prójimo, podamos decir al Padre como Jesús: ¡“Todo se ha cumplido”! Pero no con la perfección con la que lo dijo Jesús sino decir: “Señor, he hecho todo lo que podía hacer”. ¡“Todo se ha cumplido”! Adorando la Cruz, mirando a Jesús, pensemos en el amor, en el servicio, en nuestra vida, en los mártires cristianos. Y también nos hará bien pensar en el fin de nuestra vida. Ninguno de nosotros sabe cuándo sucederá esto, pero podemos pedir la gracia de poder decir: “Padre, he hecho todo lo que podía hacer”. ¡“Todo se ha cumplido”!

El Sábado Santo es el día en el cual la Iglesia contempla el “reposo” de Cristo en la tumba después del victorioso combate en la Cruz. En el Sábado Santo, la Iglesia, una vez más, se identifica con María: toda su fe está recogida en ella, la primera y perfecta discípula, la primera y perfecta creyente. En la oscuridad que envuelve la creación, Ella se queda sola para tener encendida la llama de la fe, esperando contra toda esperanza (cfr. Rm 4,18) en la Resurrección de Jesús.

Y en la grande Vigilia Pascual, en la cual resuena nuevamente el Aleluya, celebramos a Cristo Resucitado, centro y fin del cosmos y de la historia; vigilamos plenos de esperanza en espera de su regreso, cuando la Pascua tendrá su plena manifestación.

A veces, la oscuridad de la noche parece que penetra en el alma; a veces pensamos: “ya no hay nada más que hacer”, y el corazón no encuentra más la fuerza de amar…Pero precisamente en aquella oscuridad Cristo enciende el fuego del amor de Dios: un resplandor rompe la oscuridad y anuncia un nuevo inicio, algo comienza en la oscuridad más profunda. Nosotros sabemos que la noche es más noche y tiene más oscuridad antes que comience la jornada. Pero, justamente, en aquella oscuridad está Cristo que vence y que enciende el fuego del amor. La piedra del dolor ha sido volcada dejando espacio a la esperanza. ¡He aquí el gran misterio de la Pascua! En esta santa noche la Iglesia nos entrega la luz del Resucitado, para que en nosotros no exista el lamento de quien dice “ya…”, sino la esperanza de quien se abre a un presente lleno de futuro: Cristo ha vencido la muerte y nosotros con Él. Nuestra vida no termina delante de la piedra de un Sepulcro, nuestra vida va más allá, con la esperanza al Cristo que ha resucitado, precisamente, de aquel Sepulcro. Como cristianos estamos llamados a ser centinelas de la mañana que sepan advertir los signos del Resucitado, como han hecho las mujeres y los discípulos que fueron al sepulcro en el alba del primer día de la semana.

Queridos hermanos y hermanas, en estos días del Triduo Santo no nos limitemos a conmemorar la pasión del Señor sino que entremos en el misterio, hagamos nuestros sus sentimientos, sus actitudes, como nos invita a hacer el apóstol Pablo: “Tengan en ustedes los mismos sentimientos de Cristo Jesús” (Fil 2,5). Entonces la nuestra será una “buena Pascua”.

Source: News.va