Catholic Diocese of Dallas

Facebook   Twitter   Facebook    Pinterest   LinkedIn   Vimeo   RSS      

 

En Español - Misa del Papa: santidad significa ir adelante cada día con coraje

Pope Francis: holiness is courage, hope, daily conversion

Publish date: Tuesday, May 24, 2016

--

(Vatican Radio)  "Walk in the presence of God without reproach." That’s how Pope Francis says we can journey towards holiness.  During the Homily at Mass at Santa Marta Tuesday, the Pope said that for this commitment to succeed, Christians must be able to hope with courage, open themselves up to discussion, and freely welcome God's grace.

Holiness cannot be bought. Neither can it be earned by human strength. No, "the simple holiness of all Christians," "ours – the kind  we are called to every day," says the Pope, can only be attained with the help of four essential elements: courage, hope, grace, and conversion.

The path of courage

Taking the liturgical excerpt from the First Letter of St. Peter, which he called a "small treatise on holiness," Pope Francis said holiness means “to walk in the presence of God without reproach:"

"Holiness is a journey; holiness cannot be bought.  It can’t be sold. It cannot be given away. Holiness is a journey to God's presence that I must make: no one else can do it in my name. I can pray for someone to be holy, but he’s the one who has to work towards [holiness], not me. Walk in God's presence, in an impeccable way.”

Everyday holiness, the Pope continued, can also be “anonymous.” And the first element needed to achieve it is courage:  “The path to holiness takes courage."

Hope and grace

"Jesus’ Kingdom of Heaven," the Pope stressed, is for "those who have the courage to go forward" and courage, he observed, is generated by "hope," the second element of the journey that leads to holiness. The kind of courage that hopes "in an encounter with Jesus."

The third element of this journey towards holiness, the Pope observed, appears in Peter’s words: "Put all your hope in that grace:”

"We cannot achieve holiness on our own,” affirmed Pope Francis.  “No, it is a grace. Being good, being saintly, going every day a little 'a step forward in the Christian life is a grace of God and we have to ask for it. Courage, a journey. A journey one must take with courage, with hope and with the willingness to receive this grace. And hope: the hope of the journey.

Here, the Pope urged the faithful to read the “beautiful” chapter XI of the Letter to the Hebrews, which recounts the journey of “our forefathers, the first to be called by God.” “Of our father Abraham, it said: 'But, he went out without knowing where he was going.' But with hope."

Convert every day

In Peter’s letter, the Pope continued, we also see the importance of a fourth element: conversion as a continuous effort towards cleansing the heart.

"Conversion, every day,” recalled Pope Francis, does not mean one must beat oneself as penance for committing a wrong:   “No, no, no: small conversions... if you're able to not speak ill of another, you're on the right path to becoming saintly. It 'so easy! I know that you never speak ill of others, no? Little things ... 'I want to criticize a neighbor, a workmate': bite your tongue a bit. The tongue will swell a bit, but your spirit will be holier on this journey. Nothing grand, mortification: no, it's simple. The path to holiness is simple. Do not go back, but always moving forward, right? And with fortitude."

 


Español

Misa del Papa: santidad significa ir adelante cada día con coraje

--

(RV). “Caminar ante la presencia de Dios de modo irreprensible”. En su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta, el Papa afirmó que esto quiere decir “moverse hacia la santidad”. Un empeño que ciertamente tiene necesidad de un corazón que sepa esperar con coraje, ponerse en discusión y abrirse “con sencillez” a la gracia de Dios.

"La santidad no se compra. Ni la ganan las mejores fuerzas humanas. No, la santidad sencilla de todos los cristianos, la nuestra, aquella que debemos hacer todos los días – afirmó el Papa – es un camino que se puede hacer sólo si lo sostienen cuatro elementos imprescindibles, a saber: coraje, esperanza, gracia y conversión".

El camino del coraje

Francisco comentó el pasaje litúrgico tomado de la primera Carta de Pedro, que definió un “pequeño tratado sobre la santidad”, que dice que debemos “caminar ante la presencia de Dios de modo irreprensible”:

“Este caminar: la santidad es un camino, la santidad no se puede comprar, no se vende. Ni siquiera se regala. La santidad es un camino ante la presencia de Dios, que debo hacer yo: no puede hacerlo otro en mi nombre. Yo puedo rezar para que aquel otro sea santo, pero el camino debe hacerlo él, no yo. Caminar ante la presencia de Dios, de modo irreprensible. Y yo usaré hoy algunas palabras que nos enseñen cómo es la santidad de cada día, aquella santidad – digamos – también anónima. Primero: coraje. El camino hacia la santidad requiere coraje”.

Esperanza y gracia

“El Reino de los Cielos de Jesús – repitió el Papa – es para aquellos que tienen el coraje de ir adelante” y el coraje – observó –  está movido por “la esperanza”, la segunda palabra del itinerario que conduce a la santidad. El coraje que espera “en un encuentro con Jesús”. Después está el tercer elemento, cuando Pedro escribe: “Pongan toda su esperanza en aquella gracia”:

“La santidad no podemos hacerla nosotros solos. No. Es una gracia. Ser bueno, ser santo, ir dando todos los días un paso adelante en la vida cristiana es una gracia de Dios y debemos pedirla. Coraje, un camino. Un camino, que se debe hacer con coraje, con la esperanza y con la disponibilidad de recibir esta gracia. Y la esperanza: la esperanza del camino. Es tan bello aquel capítulo XI de la Carta a los Hebreos, léanlo. Relata el camino de nuestros padres, de los primeros llamados por Dios. Y de cómo ellos fueron adelante. Y de nuestro padre Abraham dice: ‘Pero, él salió sin saber adónde iba’. Pero con esperanza”.

Convertirse todos los días

El Pontífice prosiguió explicando que Pedro, en su Carta, pone de manifiesto la importancia de un cuarto elemento. Cuando invita a sus interlocutores a no conformarse “a los deseos de un tiempo”, los insta esencialmente a cambiar desde dentro el propio corazón, en un continuo y cotidiano trabajo interior:

“La conversión, todos los días: ‘Ah, Padre, para convertirme yo debo hacer penitencias, darme bastonazos…’. ‘No, no, no: conversiones pequeñas. Pero si tú eres capaz de lograr no hablar mal de alguien, estás por el buen camino para llegar a ser santo’. ¡Es tan simple! Yo sé que ustedes jamás hablan mal de los demás, ¿no? Pequeñas cosas… Tengo ganas de criticar al vecino, al compañero de trabajo: morderse la lengua un poco. Se hinchará un poco la lengua, pero su espíritu será más santo, en este camino. Nada grande, mortificaciones: no, es sencillo. El camino de la santidad es simple. No volver para atrás, sino ir siempre adelante, ¿no? Y con fortaleza”.

(María Fernanda Bernasconi - RV).