Importancia de la Ascención del Señor

5/4/2016

Por el Reverendo Robert Barron, publicado originalmente en wordonfire.org

La fiesta de la Ascensión del Señor, que la Iglesia celebra al final del tiempo de Pascua es difícil de explicar a muchos de nuestros contemporáneos. ¿Jesús pasó en forma corporal de este mundo al cielo? ¿No estará su cuerpo todavía en algún lugar identificable dentro del sistema solar o en alguna galaxia? Estoy seguro que la formulación tradicional de la doctrina desconcierta hoy en día como algo irremediablemente pre-científico y mitológico. Y aun si tuviéramos que admitir la posibilidad de dicha transición con respecto a Jesús, ¿cómo nos afectaría espiritualmente?

La clave para entender el significado y la importancia de esta fiesta es recuperar el sentido judío del cielo y la tierra. Con respecto a "cielo" y "tierra", la mayor parte de nosotros tenemos, consciente o inconscientemente patrones de pensamiento griegos.

Con esto quiero decir que tendemos a establecer — a la manera de los antiguos filósofos griegos — una dicotomía bastante fuerte entre el ámbito material y el espiritual, entre el ámbito de la apariencia y el de la realidad, entre la tierra fugaz y el cielo permanente. Y si estamos espiritualmente con mentalidad, tendemos a pensar en la salvación como un escape de este mundo — de este valle de lágrimas — a un estado incorpóreo llamado "cielo". El problema es que estas convicciones tienen mucho más que ver con Platón que con la Biblia.

La cosmología bíblica no es fundamentalmente dualista. De hecho la Biblia habla del "cielo" y la "tierra", pero ve estas dos esferas como campos de fuerza interactuantes y compenetrados. El cielo, el reino de Dios y los ángeles, aborda y llama a la tierra, el campo de los seres humanos, animales, plantas y planetas. En la lectura bíblica, la salvación es por lo tanto, una cuestión de unión del cielo y la tierra, para que Dios pueda reinar aquí abajo como lo hace en lo alto.

La gran oración de Jesús, que está constantemente en los labios de los Cristianos, es peculiarmente de inspiración judía: "Venga tu reino, hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo". Observe que esto decididamente no es una oración para que podamos escapar de la tierra, sino más bien para que la tierra y el cielo sean uno. El Padrenuestro recoge y eleva a un nuevo nivel precisamente lo que anticipó el profeta Isaías: "el conocimiento del Señor llenará la tierra como las aguas cubren el mar".

Los primeros Cristianos vieron la resurrección de Jesús de entre los muertos como el comienzo del proceso por el cual la tierra y el cielo fueron reconciliados. Entendieron al Cristo resucitado como el gobernante divino de las naciones, quien traería a la justicia de los cielos a este mundo. Y esto es precisamente por lo que personas como Pedro, Pablo, Tomas, Andrés y Juan fueron a los confines de la tierra a proclamar esta nueva realidad: “¡Jesús es Señor!” Lo que comenzó en la Resurrección del Señor está listo para inundar el mundo por medio del trabajo de los discípulos.

Por consiguiente, justo antes de subir al cielo, Jesús dijo: "Recibirán la fuerza del Espíritu Santo que descenderá sobre ustedes, y serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría, y hasta los confines de la tierra". Es fascinante observar cómo están vinculadas la Ascensión y Pentecostés: en la Ascensión, algo de la tierra se mueve hacia la esfera celestial y en Pentecostés, algo del cielo—el Espíritu Santo— invade la tierra. Los dos eventos constituyen, en definitiva, un anticipo de la gran reconciliación que toda la religión judía anheló durante siglos.

La Iglesia, guiada por el Espíritu Santo a lo largo de los siglos, está destinada a ser el lugar privilegiado donde sucede esta unión. En la buena predica, en el gran arte Cristiano, en la arquitectura de nuestras iglesias y catedrales, en las obras corporales y espirituales de misericordia, en las vidas de los santos, y quizás especialmente en la liturgia, se unen los cielos y la tierra. Piensa en el momento de la Misa, justo antes de cantar el Santo, el sacerdote invoca a los ángeles (el reino de los cielos) y nos exhorta: "nosotros nos unimos a sus voces cantando humildemente tu alabanza". Lo que sugiere es que la tierra podría, con Cristo, ascender al cielo y que el cielo, en la persona del Espíritu Santo, podría descender a la tierra—y que las dos dimensiones podrían cantar unidas en armonía.

Lo que espero que haya quedado claro en el curso de esta discusión es que la Ascensión de Jesús no tiene nada que ver con un viaje literal a la estratosfera que implicaría a simplemente una transferencia a otra posición dentro del "mundo". La Ascensión es el camino de Jesús, no a otro lugar, sino a otra dimensión. Pero esta dimensión a la que se ha ido no es ajena a nosotros. Por el contrario es una fuente de inspiración, potestad y dirección. Y es por ello que los ángeles (habitantes del cielo) que aparecen a los discípulos después de la partida de Jesús dicen, "Hombres de Galilea, ¿por qué siguen mirando al cielo?" Lo están sugiriendo, ninguno demasiado sutilmente, es esto: ¡pónganse a trabajar bajo la influencia del espíritu de Jesús! ¡Hagan todo lo que puedan para fomentar la unión del cielo y la tierra! ¡Continúen la misión de la iglesia!

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