Oración del Suscipe de San Ignacio de Loyola

7/31/2015

Comentarios por el Padre John A. Hardon, S.J.

Toma, Señor, y recibe toda mi libertad; Mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad; Todo mi haber   y mi poseer. Tú me lo diste y a ti lo regreso; Todo es tuyo; Todo es tuyo dispón tú de ello Según Tu voluntad. Dame Tu amor y Gracia Que éstas me bastan.

La oración del Suscipe de San Ignacio de Loyola se desarrolla en tres partes. Este es el punto culminante, no sólo de los Ejercicios Espirituales, es el culmen de la vida espiritual.

“Toma, Señor, y recibe toda mi libertad; Mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad.”

¿Qué le estamos diciendo a Dios? Le estamos diciendo que ponemos en sus manos lo que nos ha dado. Comenzamos diciéndole, 'Recibe, Oh Señor, toda mi libertad.' Ahí está la clave, ¡toda mi libertad! Es la única facultad que Dios ha otorgado a los seres humanos y podemos llamarla nuestra. Depende de nuestra libertad si alcanzaremos o no el cielo en la eternidad. Todo en nuestras vidas depende del uso que demos a ese don precioso de la libertad.

‘Recibe mi memoria, mi entendimiento y mi voluntad.’ Tenemos tres facultades, memoria, entendimiento y voluntad que dependen de la libertad. Mi mente entenderá; aprenderé lo que mi libertad elija aprender. Mi mente recordará lo que quiero recordar. En otras palabras, todo en nuestras vidas depende de la totalidad con la que hayamos entregado nuestra libertad a Dios. Nuestro libre albedrío tiene dos clases de poder, el poder de darse a sí mismo, entrega el libre albedrío a Dios. Pero esta misma libertad tiene el poder de mandar todos los poderes del cuerpo y el alma. Si quiero abrir mi boca, lo haré, si no no, si quiero levantar mi mano, lo haré, si no no, si quiero doblar mi rodilla, lo haré, si no quiero doblarla no lo haré.

No puedo decir cuan críticamente importante en la vida espiritual es el poder de la libertad humana para ordenar todas las facultades del cuerpo y el alma. En otras palabras, esta es la primera parte del Suscipe con el que cierran los Ejercicios Espirituales. Donde entregamos nuestra libertad a Dios porque entregando nuestra libertad estamos, en efecto, entregando lo que nuestra libertad tiene poder para renunciar.

“Todo mi haber y mi poseer. Tú me lo diste y a ti lo torno; Todo es tuyo; Todo es tuyo dispón tú de ello Según Tu voluntad.”

¿Qué estamos diciendo aquí? En la primera parte de esta oración, entregamos nuestra voluntad y haciéndolo, implícitamente entregamos todo lo demás. Sin embargo, en la segunda parte del Suscipe, ¿Qué le estamos ofreciendo a Dios? Todo lo que tengo, que no sólo son mis facultades, sino el conocimiento que ha adquirido mi mente.

Es muy importante estar preparados y dispuestos a dar y si es necesario devolver todo a Dios, en el lenguaje Ignaciano, rigiéndose por la voluntad de Dios. Hace una gran diferencia si quien está haciendo los ejercicios entrega a Dios no solo las facultades, sino también el uso de las facultades.

Somos llamados por Dios para darle, no sólo nuestras facultades, sino el contenido de nuestra mente, memoria y deseos según su voluntad divina. Por último, ¿Qué es lo único que pido de Dios?

“Dame Tu amor y Tu gracia Que éstas me bastan y no pido más.”

Es aquí, especialmente aquí, que nuestro verdadero amor a Dios se pone de manifiesto. Una cosa es decirle a Dios, ‘Señor, estoy dándote todo, pero es algo más cerrar el Suscipe para decirle a Dios, 'todo lo que quiero de Ti es Tu amor y Tu gracia, teniéndolas soy suficientemente rico y no pido nada más.’

En nuestras vidas, Dios nos privará de cosas que tenemos, quitará de nuestras vidas posesiones preciosas, personas, objetos que hemos disfrutado. Dios puede enviarnos la última cosa que elegiríamos en la tierra. Pero si estamos verdaderamente enamorados de Dios, entonces lo único que queremos de Él es su amor, que no podemos ver y Su gracia, que no podemos experimentar… la gracia de Dios puede ser costosa. La gracia de Dios puede ser dolorosa. Pero quien dice que lo que es doloroso no puede ser, maravillosamente placentero.

Todo esto está contenido en las palabras de clausura del Suscipe. En Proverbios 8,17, Dios nos dice, "Yo amo a los que me aman." Todo lo que Dios quiere de nosotros es nuestro amor. Lo que significa que nuestras voluntades se han rendido a su divina voluntad y lo que podemos esperar a cambio, Su voluntad con toda la generosidad infinita que sólo Dios puede conferirnos.

San Agustín en su comentario sobre el Padre Nuestro nos dice: ‘cuando oramos, el Padre Nuestro, que está en los cielos, el cielo del que hablamos es primero el cielo en la tierra. El cielo reservado para quienes aman a Dios con todo su corazón y que Dios ama a su vez con todo Su corazón y a su vez tienen un anticipo de la bienaventuranza celestial aquí en la tierra.' Amén.

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Tomado de Contemplación para la Obtención de Amor Divino - Conferencia por el Padre John A. Hardon, S.J.

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