El Sorprendente Humor de San Juan XXIII

4/25/2014

Por Padre James Martin, SJ

Una noche, en la década de los 1980s, durante un retiro como novicio Jesuita de primer año, me encontraba hurgando la biblioteca de la casa de retiro cuando debería haber estado orando.

Por casualidad, me topé con un libro viejo, gastado y amarillento de pasta blanda titulado "Ingenio y Sabiduría de Juan, el Papa Bueno," escrito por un hombre llamado Henri Fesquet en 1964. Se trataba de una recopilación de algunos de las historias más graciosas de Juan XXIII, quien falleció un año antes que el libro fuera publicado (originalmente el libro fue publicado en francés). El leer las historias me hizo reír a carcajadas.

En la etapa inicial de mi formación Jesuita, yo había oído la broma más famosa de Juan. Cuando un periodista preguntó inocentemente al papa cuántas personas trabajaban en el Vaticano, él le respondió en forma casual, "Mas o menos la mitad."

Pero mi historia favorita del encantador libro de Fesquet es cuando Juan XXIII, visitó un hospital de Roma llamado Hospital del Espíritu Santo, administrado por un grupo de hermanas Católicas. Fesquet narra la historia, "La madre superiora, profundamente conmovida por la visita papal, se dirigió a él con el fin de presentarse."

"Santo Padre," le dijo, "Soy la superiora del Espíritu Santo."

"Es usted muy afortunada," respondió el papa. "Yo sólo soy el Vicario de Cristo."

Fue esa historia, un tanto superficial, la que me atrajo instantáneamente hacia Juan XXIII. Es maravilloso ver a alguien que es capaz de mantener el sentido del humor, incluso al encontrarse en una posición de tal autoridad, cuando podría haber sido más fácil volverse distante, frío o autoritario. ¡Es maravilloso simplemente ser capaces de tener sentido del humor! Creo que debería ser un requisito para la vida cristiana.

De todos modos, ¿quién no ama un papa que tiene sentido del humor? ¿Quién podía no sentir afecto por un hombre que se siente tan bien consigo mismo que constantemente hace bromas acerca de su estatura (que era pequeña), orejas (que eran grandes) y peso (que era considerable)?

Cierta vez, al conocer a un niño llamado Ángelo, exclamó: "¡Ese también es mi nombre!" Y luego añadió con aire de complicidad, "¡Pero me hicieron cambiármelo!"

Lo creas o no, fue este libro – y la revelación de que un santo podría tener tal sentido del humor – lo que comenzó mi devoción a este gran y venerable hombre, quien ahora es un santo.

La necesidad de tener sentido del humor en la vida espiritual es a menudo subestimada en círculos Católicos. El humor es visto frecuentemente como algo irrelevante, frívolo o tonto. Sin embargo, Juan XXIII al igual que muchos  santos nos muestran que es un requisito esencial para una vida cristiana sana.

Parte del menosprecio del sentido del humor y la risa proviene de malentender no sólo a los santos (muchos de ellos tenían bien desarrollado su sentido del humor, muy contrario a la imagen taciturna que vemos en las iglesias), sino también a Jesús. Aunque puede ser que nos pasen desapercibidoas, existen múltiples señales del sentido del humor de Jesus en el Nuevo Testamento. Muchas de las parábolas, por ejemplo, no nos resultan divertidas porque no vivimos en la Palestina del primer siglo y no logramos "entenderlas." El erudito del Nuevo Testamento Daniel J. Harrington, SJ, me comentó que probablemente la audiencia original habría encontrado “comiquísimas” algunas de ellas. Teológicamente, también debemos recordar que Jesús era completamente humano y parte del ser totalmente humano es tener sentido del humor. Jesús rio. Así que nosotros también podemos hacerlo. ¡Y debemos hacerlo!

Mantener un sentido del humor acerca de uno mismo, nos permite mantener una perspectiva saludable en la vida. San Juan XXIII fue capaz de tomar en serio a Dios, de tomar en serio la Iglesia, pero de no tomarse a sí mismo demasiado en serio. El humor es, por lo tanto, una herramienta para la humildad. El papa frecuentemente contaba lo que se decía a sí mismo cuando las preocupaciones de la Iglesia lo mantenían en vela. Como nos dice Fesquet:

"El Papa Juan confesó que tenía dificultad para conciliar el sueño en la noche del día memorable que anunció la convocatoria del Concilio Vaticano Segundo. Dijo que se habló a si mismo de esta manera:

"Giovanni, ¿por qué no te duermes? ¿Es el Papa o el Espíritu Santo quien gobierna la Iglesia? ¿Es el Espíritu Santo, no? Bueno, entonces ¡a dormir, Giovanni!"

James Martin, SJ, es un sacerdote jesuita, editor general de América Magazine y autor de "Entre el Cielo y el Jubilo: Porqué la Alegría, el Humor y la Risa están en el Corazón de la Vida Espiritual." Su nuevo libro "Jesús: un Peregrinaje."

Fuente: USCCB Blog

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