Declaración del Obispo Edward J. Burns acerca del Reporte del Gran Jurado de Pennsylvania

8/14/2018

Declaración del Obispo Edward J. Burns

Me pesa en el corazón el haberme enterado de los detalles del reporte del jurado del fiscal general sobre la historia de abuso en seis diócesis en Pennsylvania. Lo que he leído es desgarrador me estremezco al pensar que estos actos criminales fueron conducidos por hombres en los que se debería confiar. Este reporte ha salido a la luz justo después de los escandalosos y pecaminosos actos de uno de los más altos miembros del clero de nuestro país, el Arzobispo MCarrick, ex Cardenal de Washingto, D.C.

Sé que la ira, la traición y el dolor que yo siento es mucho más intensa en las víctimas y sus seres queridos.  Sé que todos nosotros que amamos nuestra Fe no podemos creer que debamos, una vez más hacernos la pregunta, ¿cómo puede pasar esto en nuestra Iglesia?

Hemos tomado grandes medidas para examinar efectivamente a los candidatos al sacerdocio y para entrenar a todos los que trabajan en la Iglesia Católica para mantener un ambiente seguro. Solamente en la Diócesis de Dallas, un total de 125, 130 individuos han completado el Programa de Ambiente Seguro desde el año 2008. Aun así, el reporte de Pennsylvania es otro ejemplo que nos da a conocer que debemos hacer más y que tenemos que hacer un mejor trabajo. Apoyo al Cardenal Daniel DiNardo, presidente de la Conferencia de Obispos de los Estados Unidos, en su llamado de comenzar a analizar el abuso de poder por parte de los obispos y superiores. Al mismo tiempo, sé que solo palabras no van a solucionar el problema y estoy en la etapa de planeación para tomar algunos pasos aquí en la Diócesis de Dallas. Estas acciones serán dadas a conocer próximamente después de consultar con el Comité de Revisión de Dallas (un comité de laicos que hace responsable a la Diócesis de Dallas de asegurar un ambiente seguro en la Iglesia).

Debemos encontrar una forma de hacer un mejor trabajo para proteger a la gente que servimos, especialmente los más vulnerables. No podemos ser complacientes ni tibios al tratar este asunto tan crítico. Estoy consciente que mis hermanos obispos y sacerdotes solo podrán restablecer la confianza y la credibilidad de nuestra Iglesia siendo los hombres que decimos que somos.

Debemos orar siempre por las víctimas de abuso sexual y por sus seres queridos, que Dios nuestro Padre les de la paz y la sanación. También oremos fervientemente para que el Espíritu Santo nos ayude a limpiar en el presente y en el futuro todos los pecados del pasado.

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