Jesús perdonó los pecados

3/28/2018

Los  Evangelios  ofrecen numerosos ejemplos de la misión  de Cristo  de perdonar pecados. Cuando un paralítico fue descendido por el techo de una casa y puesto a sus pies, Jesús primero le perdonó los pecados y luego lo curó de su enfermedad (cf. Lc 5:17-26). Cuando una mujer pecadora se arrodilló a sus pies en la casa de Simón el Fariseo, Jesús le perdonó sus pecados porque ella había “amado mucho”, no como el fariseo, que no era consciente de su propia pecaminosidad (cf.  Lc 7:36-50). La parábola de Cristo del hijo pródigo ilustra el significado sublime de su ministerio en la tierra, el cual es perdonar los pecados, reconciliar al pueblo con Dios y llevarnos a la verdadera felicidad  (cf. Lc15:11-32).

Jesús murió en la Cruz y resucitó de entre los muertos para reconciliar con Dios al pueblo pecador  mediante  el  perdón de los pecados y el don de la nueva vida con el Dios Triuno. Incluso en la Cruz, Jesús perdonó a aquellos que lo estaban matando y tuvo misericordia del ladrón arrepentido.

Solo Dios puede perdonar nuestros  pecados.  Pero Jesús quiso que la Iglesia fuese su instrumento para perdonar en la tierra. En la noche de Pascua, Cristo resucitado impartió su propio poder de perdonar peca- dos a sus Apóstoles. Sopló sobre ellos, impartiendo el prometido Espíritu Santo, y dijo: “La Paz esté con vosotros”. Jesús estaba, de hecho, llenándolos con la paz que tiene sus raíces en la amistad con Dios. Pero hizo más. Jesús compartió con ellos su propia misión misericordiosa. Sopló sobre ellos una segunda vez y dijo:

Como el Padre me ha enviado, así también  los envío yo […] Reciban el Espíritu Santo. A los que les perdonen los pecados, les quedarán perdonados; y a los que no se los perdonen, les quedarán sin perdonar. (Jn 20:21-23)

Esa noche Jesús dio a la Iglesia el ministerio del perdón de los peca- dos a través de los Apóstoles (cf. CIC, no. 1461). Por el sacramento del Orden, los obispos y sacer- dotes continúan este ministerio de perdonar pecados “en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo”.  En este sacramento,  el sacerdote actúa en la persona de Cristo, Cabeza de la Iglesia, para reconciliar al pecador tanto con Dios como con la Iglesia. “Cuando celebra el sacramento  de la Penitencia,  el sacerdote  ejerce el ministerio del Buen Pastor que busca la oveja perdida […] el sacerdote es el signo y el instrumento del amor misericordioso de Dios con el pecador” (CIC, no. 1465).

El sacramento  de la Penitencia requiere la conversión  de nuestros  corazones, la confesión  de nuestros pecados a un sacerdote, el perdón de nuestros pecados, una penitencia  para compensar de alguna  forma  por  nuestros pecados y la reconciliación  con Dios y con la Iglesia. Para aquellos que cometen  un pecado mortal después del Bautismo, este sacramento es necesario para reconciliarse con Dios y con la Iglesia.

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Fuente: USCCB.org 

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