Homilía de la Ordenación Episcopal del Obispo Greg Kelly

2/11/2016

Mañana por la noche, el Papa Francisco llegará a la Ciudad de México para comenzar una visita apostólica de siete días a nuestros vecinos del sur. ¿Qué les dirá? ¿Qué hará? Al igual que ustedes, no tengo una bola de cristal. Sin embargo, hay algo de cierto en el refrán, "el comportamiento pasado es el mejor predictor del comportamiento futuro", hasta entonces lo sabremos. Nos encontramos en nuestra propia jornada de fe y ante un gran desafío al escuchar y ver este increíble Obispo de Roma entre nosotros. Él es nada más y nada menos que una parábola viviente que acompaña sus palabras con sus acciones. Al igual que el papa, cada uno de nosotros estamos llamados a reafirmar nuestra palabras con nuestras acciones, sin embargo nadie es más responsable de decir y hacer lo que es correcto, día tras día, que un obispo. En esta ordenación el Obispo Kelly, permíteme ofrecer estas reflexiones acerca de cómo podría ser (¿o debería ser?) la vida y ministerio de un obispo bajo y con el Papa Francisco. Hago esto a la luz de las lecturas que acaban de ser proclamadas, de la ceremonia de ordenación que va a desarrollarse y a la luz del emocionante ministerio que le espera.

Misión a los Afligidos

La sección del profeta Isaías recién proclamada debe serles muy familiar. Estos mismos versículos son parte de lo que Jesús dijo al inicio de su ministerio en el evangelio de San Lucas (4,14-21) que fue el evangelio que escuchamos hace tres fines de semana. Él aplica esta auto-descripción a sí mismo:

llevar la buena noticia a los pobres,

sanar los corazones heridos,

proclamar la libertad a los prisioneros.

Jesús entonces dijo a los presentes en la sinagoga "donde había crecido", “hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de escuchar" (Lc 4,21).

Este es el mismo tipo de ministerio que el Papa Francisco ejemplifica para nosotros. ¿Con qué frecuencia dice que la iglesia no es un hotel para los ricos sino un hospital para los pobres? ¿O que los sacramentos no son para quienes están espiritualmente sanos,, sino para quienes están espiritualmente enfermos? ¿O que el Sacramento de la Penitencia no es quien no tiene pecados sino para recordarnos que, el papa incluido, todos somos pecadores?

Las palabras del profeta Isaías son utilizadas hoy como parte de la descripción de sus funciones, Obispo Kelly. Estas palabras se proclamaron el día de hoy en esta Diócesis de Dallas donde “usted ha crecido”, al igual que Jesús creció en Nazaret. Su servicio como capellán y párroco es bien conocido y recordado con cariño. Usted es muy respetado por sus colegas, ha sido de gran utilidad para los sacerdotes a su servicio como Vicario del Clero. ¡Me atrevo a pedirle que nunca olvide de donde viene! Sea un obispo siervo – guía, y sea un colaborador en esta viña en la Diócesis de Dallas con el clero, los ministros laicos eclesiales y todo el rebaño de Cristo entre nosotros.

Le pido que esté particularmente atento a las personas que se encuentran en los márgenes, en la periferia y que haga de ellos el corazón y el alma de su ministerio. Para el Papa Francisco lo que parecía el centro es ahora la periferia y lo que parecía la periferia ignorada es ahora el centro de la escena.

La periferia se ha convertido en el centro y el centro se ha convertido en la periferia. O como rezamos diariamente en el Magníficat:

Desposeyó a los poderosos

y elevó a los humildes

a los necesitados llenó de bienes.

La Palabra de Dios

San Pablo nos recuerda que al ejercer nuestro ministerio en la Iglesia debemos ser "fuertes, amorosos y sabios " (2Tim 1,7). También significa que nos damos cuenta y asimilamos las palabras del Profeta Isaías y de San Pablo, quienes nos dicen que este Ministerio es de y desde el Espíritu. Es siempre la obra del Señor, no la nuestra.

En unos momentos le presentaré el Libro de los Evangelios, ese mismo libro que le fue dado en el momento de su ordenación como diácono. Es este mismo libro del cual se proclama semana a semana. Ese mismo libro fue colocado en las manos de todos los miembros del clero presentes aquí cuyo cargo particular es el de proclamar la Palabra en palabra y obra. Nuestro trabajo consiste en "dar voz a la palabra". O como dice la famosa frase del santo patrón del Papa Francisco, "predica siempre y utiliza palabras cuando sea necesario”.

Le pido que continúe sanando y reconciliando sus palabras con sus acciones. Pero que no tenga miedo de desafiar y poner de cabeza las expectativas habituales. Esto es algo que el Papa Francisco hace regularmente. Es algo que los predicadores debemos imitar.

El llamado urgente que hace San Pablo a Timoteo de nunca avergonzarse de dar testimonio del Señor y abrazar cualquier dificultad que esto conlleve. Esas palabras resultan fáciles de decir, pero no de cumplir. De no ser así, porque siente el autor de la Carta a los Hebreos la necesidad de decir:

 La Palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que cualquier espada de doble filo: ella penetra hasta la raíz del alma y del espíritu, de las articulaciones y de la médula, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón (4,12).

Con el extraordinario ejemplo del papa, lo exhorto a asegurarse que la palabra que escucha, adopta y predica, sea precisamente una palabra que penetre bien en los patrones cotidianos de comportamiento y acción. – En primer lugar, en el suyo propio y posteriormente en el de los demás.

Debemos dar voz a una palabra de desafío así como de consuelo.

Debemos dar voz tanto a una palabra que perturba como a una que conforta.

Es nuestra responsabilidad bajo y en nombre de la Palabra. Si no atendemos a las paradojas y desafíos de la Palabra de Dios, ésta deja de ser una espada de dos filos para convertirse en un cuchillo de mantequilla: útil para untar mantequilla en el pan o en el glaseado de un pastel pero incapaz de penetrar cualquier cosa para sanarla desde el interior.

Año de la Misericordia

El profeta Isaías anunció un "año de gracia del Señor" (61,2). En el Evangelio de Lucas, Jesús relata el mismo "año de gracia del Señor" (4,19). El Papa Francisco anunció este año como un Año de la Misericordia. Y usted, Obispo Kelly, es ordenado durante este año extraordinario de la misericordia.

El papa hizo la sorprendente declaración al describir este Año de la Misericordia al expresar, “Jesús es el rostro de la misericordia de Dios” (Misericordiae Vultus, 1). ¿Por qué lo dice? Jesús vino a poner un rostro a Dios y ese rostro es la misericordia. Uno de los primeros ejemplos en los evangelios donde la misericordia de Cristo resucitado es otorgada es el Evangelio de San Juan que escuchamos el día de hoy (21,15-17). Este incidente puede entenderse mejor si tomamos en cuenta el hecho que Pedro había negado a Jesús tres veces. El evangelio de hoy invierte la traición con un triple diálogo que termina con la instrucción "alimentar", "cuidar" y "alimentar" las ovejas. El Papa Francisco utilizó el ejemplo de "ovejas" y "pastores" cuando al inicio de su papado nos animó a los ordenados a tener "olor de las ovejas". Él nos exhortó a "permanecer cerca de las ovejas". Nos lo confirmó a los obispos americanos al dirigirse a nosotros, en la Catedral St. Matthew en Washington, a finales de septiembre (23 de septiembre de 2015). Sé que usted seguirá estando cerca de los miembros de la Diócesis de Dallas. ¡Después de todo es donde usted creció!

Pero me permito sugerirle que la analogía "ovejas-pastor" solo llega hasta cierto punto. Que los pastores cuidamos el rebaño con palabras y hechos, hasta el punto del sudor de nuestra frente, e incluso el derramamiento de nuestra sangre es lo que esto significa. Pero cuando se trata de las "ovejas" tenemos que recordar que los seres humanos no son animales, ¡y desde luego no son ovejas!

Todos los bautizados son creyentes en la iglesia, agentes que piensan, oran y actúan que deben dejar ser considerados como compañeros colaboradores en la Viña del Señor. Ser un "pastor" significa tomar esa responsabilidad en serio, actuar en fidelidad en nombre de esta familia diocesana, buscar a los que están perdidos, hacernos responsables de nuestras acciones y colaborar y dialogar con todos. "Diálogo" es una palabra que el papa utiliza con mucha frecuencia. Es algo que ejemplifica diariamente con su palabra y sus actos. Cuando el Arzobispo Fulton Sheen se retiró de servir en la Diócesis de Rochester, Nueva York, reunió a los sacerdotes por última vez. Él dio su discurso de despedida y comenzó a disculparse por los tiempos cuando "hablé en monologo en vez de diálogo". Un buen consejo para todos nosotros. Sea un pastor bueno y fiel. Pero recuerde que todos los fieles son compañeros inteligentes, con quienes entablamos diálogos, no monólogos.

A quienes se nos pide mostrar misericordia de una manera particular durante este "Año de la Misericordia" debemos darnos cuenta que se nos ha mostrado y continúa mostrándonos misericordia. Damos lo que hemos recibido y continuamos recibiendo. Esto hace eco del mensaje de Cuaresma del Papa Francisco subtitulado “Deseo misericordia, no sacrificio” (Mt 9,3). También hace eco con lo que ayer muchos de nosotros leímos en el Oficio de Lecturas en la Liturgia de las Horas del Miércoles de Ceniza – Isaías capítulo 58. Ese mismo capítulo es leído de manera continua en la Misa de mañana y la del sábado. Este capítulo de Isaías nos habla de la clase de ayuno que Dios quiere. Es el tipo de ayuno del que habla y vive el Papa Francisco. Es una fiesta de liberar misericordia y un ayuno cuando alimentamos a los hambrientos.

La Alegría del Evangelio

Como es bien sabido, el primer documento escrito (completamente) por el Papa Francisco es titulado "La Alegría del Evangelio" (Evangelii Gaudium). En dicho documento, él describe varias cosas acerca de lo que él entiende es su ministerio y el nuestro, especialmente para con los pobres. Para mí, es muy revelador que el título del documento haga hincapié en la alegría, cuya alegría, todos vemos en la vida y ministerio del Papa Francisco. Es una cualidad que nunca debemos perder.

Se cuenta la historia de un sacerdote que se encontraba en la esquina de una calle en Los Ángeles, quien se da cuenta que el famoso comediante Bob Hope está a punto de cruzar la calle hacia donde él se encuentra. El sacerdote permanece en su lugar y, encantado de poder conocer a Bob Hope, cruza la calle y extiende la mano para estrechar la mano de Bob al tiempo que le dice, "Me siento muy honrado de conocerle Sr. Hope. Y quiero darle las gracias por llevar alegría a las vidas de tantas personas". Bob Hope saludó al sacerdote, arqueó sus gruesas cejas y mirándolo a los ojos le dijo "¡yo le quiero dar las gracias por robarles la alegría Padre!

Sospecho que a veces la iglesia puede parecer así. Pero bajo de y con el Papa Francisco nunca es así. Obispo Kelly que nunca sea así en su vida ni en su ministerio como obispo.

Al igual que usted, yo tampoco tengo una bola de cristal, así que no puede predecir lo que el Papa dirá ni lo que hará en México la próxima semana. Pero si yo fuera un hombre que apuesta le diría:

Brindará su ministerio a los afligidos en forma particular;

Predicará la palabra de Dios en palabras y obras;

Nos recordará una y otra vez la inagotable misericordia de Dios;

Y lo hará lleno de serenidad de espíritu y con la alegría de Dios en su corazón.

San Pablo dijo a los Corintios "sean imitadores de mí como yo lo soy de Cristo" (1Cor 11,1).

Yo le digo a usted Obispo Kelly, imite al Papa Francisco al igual que él imita a Cristo mientras brinda su servicio como una parábola viviente entre nosotros.

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