Reflexión para el Viernes Santo

3/30/2018

Este Viernes Santo, recordemos la Pasión de Jesucristo y su sacrificio de amor por nosotros en la Cruz.

“El ‘amor hasta el extremo’  (Jn 13, 1) es el que confiere su valor de redención y de reparación, de expiación y de satisfacción al sacrificio de Cristo. Nos ha conocido y amado a todos en la ofrenda de su vida. ‘El amor de Cristo nos apremia al pensar que, si uno murió por todos, todos por tanto murieron’  (2 Co 5,  14). Ningún  hombre  aunque fuese el más santo estaba en condiciones de tomar sobre sí los pecados de todos los hombres divina del Hijo, que al mismo tiempo sobrepasa y abraza a todas las personas humanas, y que le constituye Cabeza de toda la humanidad, hace posible su sacrificio  redentor  por todos”. —Catecismo de la Iglesia Católica, no. 616

La Cuaresma llega a su fin. La alegría de la Pascua ya casi está aquí, pero hoy todavía tenemos que caminar con la Cruz. Muchos de  nosotros    hemos   optado por sacrificar algo durante la Cuaresma. Sin embargo, hay personas en el mundo que no tienen esa opción; muchos luchan para poner comida en la mesa, dar a sus hijos una educación, cuidar de sus padres enfermos y mucho más.  Mediante nuestros propios sacrificios nos solidarizamos con los que luchan a medida que trabajamos para aliviar su sufrimiento.

Una cosa  que podemos  sacar de este  Cuaresma  y  de nuestro encuentro  con la Pasión de Cristo es que el centro de cada sacrificio es el amor.   Cuando sacrificamos libremente algo durante la Cuaresma, el objetivo es que lo haga por el amor de Dios. ¿Cómo podemos seguir sacrificándonos con amor una vez que la Cuaresma haya terminado? Una forma es prestar atención a las personas en tu vida,  y otra manera es solidarizarse con los que sufren mientras trabajas para aliviar su carga.

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Fuente: USCCB.org

 

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