Concluyó el Domingo de Pascua... ¿Y ahora qué?

4/20/2019

Todo vuelve a la normalidad... Los servicios del Triduo Pascual terminaron. La Vigilia Pascual (la "madre" de todas las vigilias) ha concluido una vez más. Las multitudes que parecen aparecer mágicamente y llegar a la Misa del Domingo de Pascua han llegado y se han ido. Los candidatos y los catecúmenos han sido recibidos en la Iglesia. Las búsquedas de huevos de Pascua han concluido al igual las reuniones familiares de Pascua. ¿Y ahora qué?

¿Archivaremos el Domingo de Pascua 2019 como un grato recuerdo plasmado en las fotos publicadas en Facebook? ¿Una oportunidad para que las personas se pongan sus mejores galas y la pasen bien en familia? ¿Termina el mensaje de Pascua al terminar la última Misa del Domingo de Pascua? Litúrgicamente, la respuesta de la Iglesia es "no." Estamos en el Tiempo de Pascua — un tiempo necesario para reflexionar sobre la verdad de la Resurrección y para esperar la venida del Espíritu Santo en Pentecostés. "Litúrgico" aquí es importante y sin duda influye en quiénes somos, pero aquí me pregunto específicamente acerca de nuestra vida cotidiana fuera de las paredes de la parroquia. ¿La Pascua afecta y define quiénes somos o sigue siendo un hermoso ritual anual que se deja atrás en el abarrotado estacionamiento de la iglesia el Domingo de Pascua? ¿Llevamos la Pascua con nosotros a las calles de nuestras vidas y de nuestro mundo o la mantenemos escondida tras puertas cerradas — puertas de una fe, espiritualidad y moralidad privadas, puertas de nuestras renuncias y sentido de desesperanza frente al dolor de nuestro mundo, puertas de nuestro miedo a ofender las normas establecidas?

La Pascua no puede quedarse escondida. La Pascua nos exige que salgamos a las calles – no importa cuán incómodo nos haga sentir a nosotros o a los demás.

En el relato de la Resurrección en el evangelio de San Mateo, el ángel que se encuentra sentado sobre la piedra que ha sido rodada, la cual había sido utilizada para sellar la tumba, da instrucciones a las mujeres que llegaron a la tumba temprano esa mañana. "... vayan en seguida a decir a sus discípulos: 'Ha resucitado de entre los muertos, e irá antes que ustedes a Galilea: allí lo verán'" (Mt 28,7).

El Señor resucitado no teme al mundo, ni a su violencia y triste renuncia, porque ha vencido al pecado del mundo a través del amor del Padre. El Señor resucitado va delante de ti a Galilea. ¡Él va a las calles del mundo y la expectativa e instrucción dadas por el ángel de la Resurrección es para que todos los seguidores de Cristo hagan lo mismo!

La Pascua, si ha de ser auténtica y ser más que un grato recuerdo, no puede permanecer oculta detrás de ninguna puerta cerrada ni tampoco nos permitirá permanecer ocultos.

Existe una cultura del miedo que continuamente nos susurra al oído que nada puede cambiar, que realmente no podemos hacer nada frente a la injusticia de nuestro mundo, que debemos vernos a nosotros mismos y a nuestro mundo llenos de desesperanza. La cultura del miedo es arrogante y, en su orgullo, piensa que sólo ella tiene palabras que decir. La cultura del miedo miente. La cultura del miedo quiere convencwernos de que somos sus hijos.

No somos hijos de la cultura del miedo. ¡Somos hijos de la Resurrección! ¡Somos hijos e hijas de Dios! ¡No tenemos nada que temer y tenemos palabras, palabras nuevas para hablar a nuestro mundo y unos a otros! El ángel anuncia que el Señor resucitado va a Galilea y que allí los discípulos lo verán. La implicación es más que aparente, los discípulos están destinados a ir a encontrarse con el Señor quien va delante de ellos. (El Señor siempre va delante de nosotros.) ¡Están destinados a salir a la calle y llevar la verdad de la Resurrección al mundo!

No es suficiente permanecer detrás de puertas cerradas, no importa lo bonitas y doradas que puedan ser esas puertas y no importa cuántas otras personas también pueden sentirse contentas de permanecer allí. Si lo hacemos, la cultura del miedo gana y nuestras vidas se vuelven excesivamente pequeñas, limitadas y que niegan la vida. La alegría solo se encuentra en seguir al Señor resucitado a dondequiera que vaya.

Y hay algo más: no hay tiempo que perder. El ángel instruye a las mujeres: vayan de prisa. A cada uno de nosotros solo le está asignado un cierto número de pascuas en nuestra vida en la tierra. No hay tiempo que perder, tanto por el trabajo que se necesita hacer en nuestro propio corazón como por el trabajo que se necesita hacer en nuestro mundo. A la luz de la Resurrección debemos utilizar cada momento que nos es dado. Cuando todo esté dicho y hecho, cada uno de nosotros tendrá que dar cuentas de cómo hemos vivido las Pascuas que se nos han dado en nuestra vida.

¡Somos hijos e hijas de la Resurrección de nuestro Señor! El misterio Pascual es puesto en nuestros corazones y nos es confiado y no puede permanecer detrás de puertas cerradas, ¡exige ser llevados a las calles de nuestro mundo!

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Fuente: Fr. Michael Cummins on Word on Fire

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