Pena de Muerte: La pena de muerte no hace justicia

10/10/2016

Queridos Hermanos y Hermanas en el Señor,

Cada año, la Iglesia celebra el Mes del Respeto a la Vida el mes de octubre. Durante este tiempo, oramos y reflexionamos sobre el precioso don de la vida y nos comprometernos a trabajar por una cultura que verdaderamente acoja y proteja la vida humana en nuestra sociedad, desde la concepción hasta la muerte natural. La doctrina Católica con respecto al aborto y la eutanasia es muy clara al igual que nuestro compromiso con la continua labor de mejorar las condiciones de vida, educación y acceso al cuidado de la salud para todos, especialmente para los pobres y quienes carecen de recursos.

Este año, los obispos queremos poner especial atención a nuestro constante llamado a la abolición de la pena de muerte en Texas, mientras reconocemos que ésta es, sin duda, una cuestión pro-vida.

La Doctrina Social Católica es un cuerpo diferenciado de la doctrina de la Iglesia y una parte esencial de la fe Católica (Compartiendo la Doctrina Social Católica, Retos y Direcciones, Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos). Basada en las Sagradas Escrituras, la doctrina de la Iglesia se ha desarrollado a lo largo de los siglos a medida que la Iglesia encuentra nuevas realidades sociales y desafíos. El mismo Espíritu Santo que inspiró las Escrituras está presente en la Iglesia mientras "leemos los signos de los tiempos" en cada nueva época y cultura (Gaudium et Spes, no. 4). En la actualidad, el Catecismo de la Iglesia Católica provee un resumen completo de la doctrina Católica.

La doctrina Católica afirma inequívocamente que "si los medios incruentos bastan para proteger y defender del agresor la seguridad de las personas, la autoridad se limitará a esos medios..." (Catecismo de la Iglesia Católica, no. 2267). Esto simplemente significa que si existen alternativas a la pena de muerte que sirvan para proteger la sociedad de criminales violentos, la sociedad "debe limitarse" a dichos medios. No cabe ninguna duda que, en la actualidad, estos medios existen en los Estados Unidos, incluyendo el estado de Texas.

El Papa San Juan Pablo II escribió que las condiciones que sugieren el uso legítimo de la pena de muerte son "muy raras, por no decir prácticamente inexistentes " (Evangelium Vitae, no. 56). El Papa Francisco ha declarado que "es imposible imaginar que hoy los Estados no puedan disponer de otro medio que no sea la pena capital para defender la vida de otras personas del agresor injusto" (Discurso a una Delegación de la Asociación Internacional de Derecho Penal, Ciudad del Vaticano, 23 de octubre de 2014).

En el Catecismo de la Iglesia Católica, la Iglesia enseña que estas formas no violentas de preservar el orden público "corresponden mejor a las condiciones concretas del bien común y son más conformes con la dignidad de la persona humana" (no. 2267). De hecho, en nuestro país y en el Estado de Texas la pena de muerte no sólo no se corresponde al bien común, en realidad le causa un gran daño.

En primer lugar, la pena de muerte se usa desproporcionadamente a los pobres, las minorías raciales y los vulnerables. La pena de muerte en sí misma perpetúa la idea de que la vida es, en algunos casos, desechable o que puede ser juzgada de no tener valor. Está bien documentado que los que menos pueden pagar una defensa, son quienes más probabilidades tendrán de recibir una pena de muerte; más del 90% de los condenados a muerte no puede pagar un abogado. En 1990, la Oficina de Contaduría General de los Estados Unidos reportó "un patrón de evidencia indicando las disparidades raciales en la acusación, condena e imposición de la pena de muerte". Además, se ha aplicado la pena de muerte a las personas de limitada capacidad mental. Estas realidades contribuyen a un insensible desprecio por la dignidad de la vida humana. La pena de muerte influye negativamente en la formación moral de nuestros hijos y nuestra cultura, ya que no permite la misericordia y la redención.

En segundo lugar, se dedican escasos recursos públicos a la pena de muerte, dañando el bien común. El costo de la vivienda y alimentación de un preso por una condena a cadena perpetua es tres veces menor que los gastos de corte incurridos en un proceso largo de apelaciones para un preso condenado a muerte (Centro de Información de la Pena de Muerte, deathpenaltyinfo.org).

En tercer lugar, personas inocentes son asesinadas por el gobierno a nuestro nombre. Hay por lo menos 23 casos documentados de personas inocentes que fueron ejecutados en los Estados Unidos en este siglo acusados de crímenes capitales. El Colegio de Abogados de los Estados Unidos ha concluido que la administración de la pena de muerte es "un laberinto desordenado de prácticas injustas sin consistencia interna" y ha pedido una moratoria de las ejecuciones.

El Catecismo no reconoce la posibilidad de disuasión como justificación para la pena de muerte. Pero incluso si lo hiciera, los estados sin la pena de muerte tienen similar o menor criminalidad que Texas (Centro de Información de la Pena de Muerte). La noción de que la pena de muerte disuade el crimen es falsa. También alimenta la falsa creencia que la violencia es el único remedio para la violencia.

Como Iglesia, acompañamos a nuestros hermanos y hermanas, hijos, padres y seres queridos cuando los vemos sufrir a causa de las acciones atroces y violentas de otros. Sólo Dios puede consolarlos, pero nosotros les ofrecemos el consuelo que nos es posible ofrecerles a través de nuestra presencia y oración. La sanación que viene del perdón ha sido una fuerza poderosa en la vida de muchas familias que han experimentado la violencia. A través de nuestros variados ministerios, ofrecemos consejería, apoyo personal y la gracia de los sacramentos para ayudarlos en el proceso de sanación. Nuestro ministerio de sanación y perdón está basado en el mandamiento de Jesús, "sean misericordiosos, como su padre es misericordioso" (Lucas 6,36).

Con nuestro llamado a abolir la pena de muerte no hacemos un llamado a objetar la justicia. Por el contrario, es un llamado a toda la comunidad a reconocer que la pena de muerte no cumple con la justicia, ni se consola lo inconsolable. En lugar de buscar venganza, el perdón ofrece a la familia de la víctima y el acusado la verdadera sanación que viene a través de la justicia restaurativa.

La pena de muerte vicia la capacidad nuestros corazones de misericordia y amor. Un debido proceso a los acusados, el encarcelamiento de los culpables y la protección de la comunidad sirve tanto a la justicia como a la misericordia. Como una Iglesia, nos esforzamos por caminar con quienes tienen tiempo para arrepentirse. Como dice la Escritura, Dios "no desea la muerte del malvado, sino que se convierta de su mala conducta y viva" (Ezequiel 33, 11). Nuestro ministerio de prisión están fundado en la misión que nos ha dada el Señor de ofrecer un llamado al arrepentimiento a aquellos que han perdido la esperanza, o que el mundo ha dado por perdidos.

Que Dios nos de la gracia de dar testimonio de la dignidad de la vida humana. Que el Señor consuele a los que sufren, proteja a nuestra comunidad y conceda la conversión a los responsables de provocar muerte y violencia a los demás. En este Año de la Misericordia, seamos corresponsables de la misericordia para todos.

Conferencia de Obispos Católicos de Texas
10 de octubre de 2016

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Crédito Fotografico: Florida Department of Corrections/Doug Smith (via Wikimedia Commons)

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