Unas Palabras Para Quienes Serán Confirmados

5/31/2017

por el Obispo Robert Barron

Uno de los privilegios más grandes que tengo como un obispo es la oportunidad de presidir el sacramento de la Confirmación. Un inconveniente, sin embargo, es que estoy obligado a realizar más de cuarenta Confirmaciones en aproximadamente dos meses — ¡lo cual significa que me canso, bastante rápido, de mi propia homilía! Como resultado, con frecuencia me encuentro cambiando engranajes, probando nuevas ideas en el complejo fenómeno de la Confirmación desde varios ángulos. En este artículo quiero compartir con ustedes algunas de las ideas clave en la última recapitulación de mi sermón de Confirmación.

Inmediatamente antes de la oración, a través de la cual se pide al Espíritu que descienda sobre los candidatos, el Obispo los guía hacia una reafirmación de sus promesas bautismales. Yo les digo a los jóvenes que sus padres y padrinos realizaron estas promesas en su nombre cuando eran bebés, pero que ahora tienen la responsabilidad de hacerlo por sí mismos. La primera promesa tiene forma negativa. En ella, los confirmandos declaran que renuncien a Satanás y todas sus obras y promesas vacías. Estas promesas vacías, les digo, pueden oírse por todas partes en la cultura popular. Se encuentran en prácticamente todas las películas que ven, todas las canciones que escuchan, cada conversación informal en la que participan: "solamente serás feliz si tienes la suficiente riqueza, el suficiente placer, el suficiente poder y el suficiente honor; si llenas tu corazón vacío con una cantidad suficiente de estos bienes terrenales, encontrarás satisfacción”. En este momento, generalmente los invito a contemplar la imagen de Jesús crucificado desplegada en un lugar prominente de la iglesia. Noten, les digo, que no tenemos una imagen de Bill Gates, Donald Trump o Beyonce en el eje central del recinto, más bien la de un hombre torturado hasta la muerte, una persona desprovista de toda riqueza, placer, poder y honor.

El resto de las promesas afirman la fe de los confirmandos. La primera de estas formulaciones positivas es la simple afirmación de su creencia en Dios. Esto va mucho más allá de la declaración de una convicción intelectual; es, en cambio, una afirmación del significado y sentido de la vida. Creer en Dios, es a conocerlo. Les digo que su vida no solo se trata de ellos. La vida de un bebé se trata de ellos, de cubrir sus necesidades inmediatas. Sin embargo, a medida que el niño madura, se da cuenta que sus obligaciones y conexiones van más allá de sí mismos—van hacia su familia, su comunidad, su cultura, su país y finalmente hacia Dios. La narrativa central de la Biblia—que se repite una y otra vez, es que las personas encuentran su identidad precisamente en la medida que escuchan y siguen la voz de Dios invitándolos a una misión. Por lo tanto, decir que crees en Dios es romper el cascaron de un egocentrismo exclusivista y lanzarse a las profundidades de una aventura espiritual.

A continuación, los confirmandos son invitados a declarar su fe en "Jesucristo, su único hijo, nuestro Señor". Les pido que se concentren en la palabra "Señor". El Señor es el que tiene el dominio, el que controla, el que literalmente domina, (de la palabra latina Dominus). Todo el mundo tiene un Señor. Podría ser una persona, un país, una ideología, un partido político o una institución, pero todo el mundo está en deuda con algo o con alguien. Como el galardonado con el Premio Nobel, Bob Dylan lo expresó de manera memorable: "Vas a tener que servir a alguien —puede ser el diablo o puede ser el Señor  —pero vas a tener que servir a alguien". Declarar que Jesús es Señor es reconocer que todos los aspectos de la vida le pertenecen a Él y están bajo su dominio. Es ser marcados como suyos. Les recuerdo a los confirmandos que la Confirmación, al igual que el Bautismo y las Órdenes Sagradas, son sacramentos que imprimen "carácter", lo que significa que marca permanentemente a quien los recibe. También les digo que la palabra "carácter" se deriva de un término griego que significa "marca".

Después de declarar su fe en el Hijo, los confirmandos son invitados a afirmar su fe en el "Espíritu Santo, Señor y dador de vida". Les explico que el Espíritu Santo es el amor que el Padre y el Hijo comparten entre si desde toda la eternidad. Contemplándose mutuamente el uno al otro, las primeras dos personas divinas exhalan su mutuo amor, y este santo aliento es el Spiritus Sanctus. Por lo tanto, el Espíritu es el amor que es Dios. Ahora en la primera promesa, los confirmandos declaran que están en contra de la afirmación que la riqueza, poder, placer, u honor los harán felices; en esta promesa, declaran decididamente que el amor infinito que es Dios es suficiente para satisfacer el anhelo infinito de su corazón. Les digo que no se preocupen si son ricos o pobres, famosos u olvidados, poderosos o impotentes; que se preocupen, en cambio, si está aumentando su capacidad de amar. Porque, en última instancia, el amor es lo que le interesa a su corazón, y el amor es lo que se llevarán con ellos al cielo cuando dejen todo lo demás.

Por último, los jóvenes están invitados a afirmar su fe en "la santa Iglesia católica". En un tiempo anti institucional, anti autoridad como el nuestro, esta es una promesa difícil de realizar. Sin embargo, les recuerdo que deben recordar lo que es la Iglesia. La iglesia de Jesús es Cristo. No es una organización o un club. De una sociedad voluntaria, uno se puede retirar legítimamente. Pero como San Pablo expresó hace mucho tiempo, la Iglesia no es una organización sino un organismo, un cuerpo vivo, del cual Cristo es la cabeza y todos los bautizados son células, moléculas y órganos. La Iglesia es el cuerpo místico que el Logos ha tomado para sí mismo, tan ciertamente como el cuerpo físico que él tomó para sí mismo en Palestina hace ya dos mil años; por consiguiente, es el vehículo por el que continua realizando su misión en el mundo.

Alejarse de él, por lo tanto, es bloquear el flujo de la gracia. Muchos de los confirmandos, por lo menos aquí en Los Ángeles, visten batas rojas que se parecen a las túnicas de graduación. Les expreso enfáticamente que no son vestidos de graduación, sino vestidos de iniciación, ya que la Confirmación no es un fin sino un comienzo. Renunciando a Satanás, creyendo en Dios, el Señorío de Jesús y el poder del Espíritu Santo, totalmente iniciados en la iglesia, ahora están listos para comenzar. Hace apenas unos meses, el Papa Francisco abordó el mismo punto al dirigirse a un grupo de estudiantes Italianos acerca de la Confirmación. Les dijo, ¡Recuerden que la confirmación es el sacramento di arrivaderci! (el sacramento de "ahí nos vemos").

A los que confirmo siempre les aseguro que los recordaré en mis oraciones. ¿Podía invitar a quienes leen estas palabras a orar por el ejército de los miembros del cuerpo místico de Cristo plenamente iniciados que han sido confirmados este año?

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Publicado Originalmente en WordOnFire.org 23 de Mayo, 2017

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