Catholic Diocese of Dallas

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En Español - Mensaje Urbi et Orbi del Papa Francisco - Pascua 2014

Easter 'Urbi et Orbi' Message of Pope Francis - full text and video

Publish date: Tuesday, April 22, 2014

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Dear Brothers and Sisters, a Happy and Holy Easter!

The Church throughout the world echoes the angel’s message to the women: “Do not be afraid! I know that you are looking for Jesus who was crucified. He is not here; for he has been raised… Come, see the place where he lay” ( Mt 28:5-6).

This is the culmination of the Gospel, it is the Good News par excellence: Jesus, who was crucified, is risen! This event is the basis of our faith and our hope. If Christ were not raised, Christianity would lose its very meaning; the whole mission of the Church would lose its impulse, for this is the point from which it first set out and continues to set out ever anew. The message which Christians bring to the world is this: Jesus, Love incarnate, died on the cross for our sins, but God the Father raised him and made him the Lord of life and death. In Jesus, love has triumphed over hatred, mercy over sinfulness, goodness over evil, truth over falsehood, life over death.

That is why we tell everyone: “Come and see!” In every human situation, marked by frailty, sin and death, the Good News is no mere matter of words, but a testimony to unconditional and faithful love: it is about leaving ourselves behind and encountering others, being close to those crushed by life’s troubles, sharing with the needy, standing at the side of the sick, elderly and the outcast… “Come and see!”: Love is more powerful, love gives life, love makes hope blossom in the wilderness.

With this joyful certainty in our hearts, today we turn to you, risen Lord!

Help us to seek you and to find you, to realize that we have a Father and are not orphans; that we can love and adore you.

Help us to overcome the scourge of hunger, aggravated by conflicts and by the immense wastefulness for which we are often responsible.

Enable us to protect the vulnerable, especially children, women and the elderly, who are at times exploited and abandoned.

Enable us to care for our brothers and sisters struck by the Ebola epidemic in Guinea Conakry, Sierra Leone and Liberia, and to care for those suffering from so many other diseases which are also spread through neglect and dire poverty.

Comfort all those who cannot celebrate this Easter with their loved ones because they have been unjustly torn from their affections, like the many persons, priests and laity, who in various parts of the world have been kidnapped.

Comfort those who have left their own lands to migrate to places offering hope for a better future and the possibility of living their lives in dignity and, not infrequently, of freely professing their faith.

We ask you, Lord Jesus, to put an end to all war and every conflict, whether great or small, ancient or recent.

We pray in a particular way for Syria, beloved Syria, that all those suffering the effects of the conflict can receive needed humanitarian aid and that neither side will again use deadly force, especially against the defenseless civil population, but instead boldly negotiate the peace long awaited and long overdue!

Jesus, Lord of glory, we ask you to comfort the victims of fratricidal acts of violence in Iraq and to sustain the hopes raised by the resumption of negotiations between Israelis and Palestinians.

We beg for an end to the conflicts in the Central African Republic and a halt to the brutal terrorist attacks in parts of Nigeria and the acts of violence in South Sudan.

We ask that hearts be turned to reconciliation and fraternal concord in Venezuela.

By your resurrection, which this year we celebrate together with the Churches that follow the Julian calendar, we ask you to enlighten and inspire the initiatives that promote peace in Ukraine so that all those involved, with the support of the international community, will make every effort to prevent violence and, in a spirit of unity and dialogue, chart a path for the country’s future. On this day, may they be able to proclaim, as brothers and sisters, that Christ is risen, Khrystos voskres!

Lord, we pray to you for all the peoples of the earth: you who have conquered death, grant us your life, grant us your peace!

Dear brothers and sisters, Happy Easter!

 


Español

Mensaje Urbi et Orbi del Papa Francisco - Pascua 2014

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Queridos hermanos y hermanas, Feliz y Santa Pascua.

El anuncio del ángel a las mujeres resuena en la Iglesia esparcida por todo el mundo: « Vosotras no temáis, ya sé que buscáis a Jesús el crucificado. No está aquí. Ha resucitado... Venid a ver el sitio donde lo pusieron» ( Mt 28,5-6).

Esta es la culminación del Evangelio, es la Buena Noticia por excelencia: Jesús, el crucificado, ha resucitado. Este acontecimiento es la base de nuestra fe y de nuestra esperanza: si Cristo no hubiera resucitado, el cristianismo perdería su valor; toda la misión de la Iglesia se quedaría sin brío, pues desde aquí ha comenzado y desde aquí reemprende siempre de nuevo. El mensaje que los cristianos llevan al mundo es este: Jesús, el Amor encarnado, murió en la cruz por nuestros pecados, pero Dios Padre lo resucitó y lo ha constituido Señor de la vida y de la muerte. En Jesús, el Amor ha vencido al odio, la misericordia al pecado, el bien al mal, la verdad a la mentira, la vida a la muerte.

Por esto decimos a todos: «Venid y veréis». En toda situación humana, marcada por la fragilidad, el pecado y la muerte, la Buena Nueva no es sólo una palabra, sino un testimonio de amor gratuito y fiel: es un salir de sí mismo para ir al encuentro del otro, estar al lado de los heridos por la vida, compartir con quien carece de lo necesario, permanecer junto al enfermo, al anciano, al excluido... « Venid y veréis»: El amor es más fuerte, el amor da vida, el amor hace florecer la esperanza en el desierto.

Con esta gozosa certeza, nos dirigimos hoy a ti, Señor resucitado.

Ayúdanos a buscarte para que todos podamos encontrarte, saber que tenemos un Padre y no nos sentimos huérfanos; que podemos amarte y adorarte.

Ayúdanos a derrotar el flagelo del hambre, agravada por los conflictos y los inmensos derroches de los que a menudo somos cómplices.

Haznos disponibles para proteger a los indefensos, especialmente a los niños, a las mujeres y a los ancianos, a veces sometidos a la explotación y al abandono.

Haz que podamos curar a los hermanos afectados por la epidemia de Ébola en Guinea Conakry, Sierra Leona y Liberia, y a aquellos que padecen tantas otras enfermedades, que también se difunden a causa de la incuria y de la extrema pobreza.

Consuela a todos los que hoy no pueden celebrar la Pascua con sus seres queridos, por haber sido injustamente arrancados de su afecto, como tantas personas, sacerdotes y laicos, secuestradas en diferentes partes del mundo.

Conforta a quienes han dejado su propia tierra para emigrar a lugares donde poder esperar en un futuro mejor, vivir su vida con dignidad y, muchas veces, profesar libremente su fe.

Te rogamos, Jesús glorioso, que cesen todas las guerras, toda hostilidad pequeña o grande, antigua o reciente.

Te pedimos por Siria: la amada Siria, que cuantos sufren las consecuencias del conflicto puedan recibir la ayuda humanitaria necesaria; que las partes en causa dejen de usar la fuerza para sembrar muerte, sobre todo entre la población inerme, y tengan la audacia de negociar la paz, tan anhelada desde hace tanto tiempo.

Jesús glorioso, te rogamos que consueles a las víctimas de la violencia fratricida en Irak y sostengas las esperanzas que suscitan la reanudación de las negociaciones entre israelíes y palestinos.

Te invocamos para que se ponga fin a los enfrentamientos en la República Centroafricana, se detengan los atroces ataques terroristas en algunas partes de Nigeria y la violencia en Sudán del Sur.

Y te pedimos por Venezuela, para que los ánimos se encaminen hacia la reconciliación y la concordia fraterna.

Que por tu resurrección, que este año celebramos junto con las iglesias que siguen el calendario juliano, te pedimos que ilumines e inspires iniciativas de paz en Ucrania, para que todas las partes implicadas, apoyadas por la Comunidad internacional, lleven a cabo todo esfuerzo para impedir la violencia y construir, con un espíritu de unidad y diálogo, el futuro del País. Que como hermanos puedan hoy cantar Хрhctос Воскрес.

Te rogamos, Señor, por todos los pueblos de la Tierra: Tú, que has vencido a la muerte, concédenos tu vida, danos tu paz. Queridos hermanos y hermanas, Feliz Pascua.