Catholic Diocese of Dallas

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En Español - Concluyó el Domingo de Pascua... ¿Y ahora qué?

Easter Sunday is concluded... Now what?

Publish date: Sunday, April 21, 2019

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It is now the quiet time… The Triduum services are completed. The Easter Vigil (the “mother” of all vigils) has been concluded for another year — to varying degrees of liturgical success in each individual parish, I am sure. The crowds that seem to magically appear and arrive for Easter Sunday Mass have come and gone. Candidates and catechumens have been received into the Church. Easter egg hunts are wrapped up as well as family Easter gatherings. Now what?

Is Easter Sunday 2019 to now be shelved away as a nice memory testified to by photos posted on Facebook? An opportunity for people to dress up and have good family time? Does the message of Easter end with the last Easter Sunday Mass? Liturgically, the Church says “no.” We have the Easter Season — a needed time to reflect on the truth of the resurrection and to look to the coming of the Holy Spirit at Pentecost. “Liturgical” here is important and it does certainly influence who we are but here I am specifically wondering about our day-to-day life outside the parish walls. Does Easter affect and shape who we are or does it remain a beautiful annual ritual that is left behind in the crowded Easter Sunday church parking lot? Do we take Easter with us into the streets of our lives and of our world or do we keep it hidden away behind locked doors — doors of a private faith, spirituality and morality, doors of our resignations and sense of hopelessness in the face of the pain of our world, doors of our fear to offend the accepted norm? 

Easter cannot stay hidden away. Easter demands that we go into the streets – no matter how uncomfortable it makes us or others. 

In Matthew’s account of the resurrection there is an interesting instruction that is given to the women who came to the tomb early that morning by the angel sitting on top of the rolled-away, heavy stone that had been used to seal the tomb. “…go quickly and tell his disciples that he has risen from the dead, and behold, he is going before you to Galilee; there you will see him.” (Mt. 28:7) 

The resurrected Lord does not fear the world and its violence and sad resignation because he has overcome all the sin of the world through the love of the Father. The resurrected Lord goes before you to Galilee. He goes into the streets of the world and the expectation and instruction given by the angel of the resurrection is that the followers of Christ do the same! 

Easter, if it is to be authentic and be more than a nice memory, cannot stay hidden behind any locked door and neither will it allow us to remain hidden.

There is a culture of fear that continually whispers to us that nothing can change, that we cannot really do anything in the face of the injustice of our world, that we should look upon ourselves and our world with hopeless eyes. The culture of fear is arrogant in its pride and thinks that it alone has words to speak. The culture of fear lies. The culture of fear would convince us that we are its children. 

We are not children of the culture of fear. We are children of the resurrection! We are sons and daughters of God! We have nothing to fear and we have words, new words to speak to our world and to one another! The angel announces that the risen Lord is going to Galilee and that there the disciples will see him. The implication is more than apparent, the disciples are meant to go and meet the Lord who goes ahead of them. (The Lord always goes ahead of us.) They are meant to go out into the street and carry the truth of the resurrection into the world! 

It is not enough to stay behind locked doors, no matter how pretty and gilded those doors may be and no matter how many other people may also be content to remain there also. If we do so then the culture of fear wins and our lives become exceedingly small, constrained and life-denying. Joy is found only in following the risen Lord to wherever he might lead.

One further thought: there is no time to waste. The angel instructs the women: go quickly. We are each allotted only a certain number of Easters in our lives here on earth. There is no time to lose, both for the work needing to be done in our own hearts as well as the work needing to be done in our world. In the light of the resurrection we must make use of every moment given to us. When all is said and done, we will each have to give an accounting of how we have lived the Easters we have been given in our lifetime. 

We are sons and daughters of the resurrection of our Lord! The Easter mystery is placed in our hearts and entrusted to us and it cannot remain behind locked doors, it demands to be taken out to the streets of our world!
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Source: Fr. Michael Cummins on Word On Fire


Español

Concluyó el Domingo de Pascua... ¿Y ahora qué?

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Todo vuelve a la normalidad... Los servicios del Triduo Pascual terminaron. La Vigilia Pascual (la "madre" de todas las vigilias) ha concluido una vez más. Las multitudes que parecen aparecer mágicamente y llegar a la Misa del Domingo de Pascua han llegado y se han ido. Los candidatos y los catecúmenos han sido recibidos en la Iglesia. Las búsquedas de huevos de Pascua han concluido al igual las reuniones familiares de Pascua. ¿Y ahora qué?

¿Archivaremos el Domingo de Pascua 2019 como un grato recuerdo plasmado en las fotos publicadas en Facebook? ¿Una oportunidad para que las personas se pongan sus mejores galas y la pasen bien en familia? ¿Termina el mensaje de Pascua al terminar la última Misa del Domingo de Pascua? Litúrgicamente, la respuesta de la Iglesia es "no." Estamos en el Tiempo de Pascua — un tiempo necesario para reflexionar sobre la verdad de la Resurrección y para esperar la venida del Espíritu Santo en Pentecostés. "Litúrgico" aquí es importante y sin duda influye en quiénes somos, pero aquí me pregunto específicamente acerca de nuestra vida cotidiana fuera de las paredes de la parroquia. ¿La Pascua afecta y define quiénes somos o sigue siendo un hermoso ritual anual que se deja atrás en el abarrotado estacionamiento de la iglesia el Domingo de Pascua? ¿Llevamos la Pascua con nosotros a las calles de nuestras vidas y de nuestro mundo o la mantenemos escondida tras puertas cerradas — puertas de una fe, espiritualidad y moralidad privadas, puertas de nuestras renuncias y sentido de desesperanza frente al dolor de nuestro mundo, puertas de nuestro miedo a ofender las normas establecidas?

La Pascua no puede quedarse escondida. La Pascua nos exige que salgamos a las calles – no importa cuán incómodo nos haga sentir a nosotros o a los demás.

En el relato de la Resurrección en el evangelio de San Mateo, el ángel que se encuentra sentado sobre la piedra que ha sido rodada, la cual había sido utilizada para sellar la tumba, da instrucciones a las mujeres que llegaron a la tumba temprano esa mañana. "... vayan en seguida a decir a sus discípulos: 'Ha resucitado de entre los muertos, e irá antes que ustedes a Galilea: allí lo verán'" (Mt 28,7).

El Señor resucitado no teme al mundo, ni a su violencia y triste renuncia, porque ha vencido al pecado del mundo a través del amor del Padre. El Señor resucitado va delante de ti a Galilea. ¡Él va a las calles del mundo y la expectativa e instrucción dadas por el ángel de la Resurrección es para que todos los seguidores de Cristo hagan lo mismo!

La Pascua, si ha de ser auténtica y ser más que un grato recuerdo, no puede permanecer oculta detrás de ninguna puerta cerrada ni tampoco nos permitirá permanecer ocultos.

Existe una cultura del miedo que continuamente nos susurra al oído que nada puede cambiar, que realmente no podemos hacer nada frente a la injusticia de nuestro mundo, que debemos vernos a nosotros mismos y a nuestro mundo llenos de desesperanza. La cultura del miedo es arrogante y, en su orgullo, piensa que sólo ella tiene palabras que decir. La cultura del miedo miente. La cultura del miedo quiere convencwernos de que somos sus hijos.

No somos hijos de la cultura del miedo. ¡Somos hijos de la Resurrección! ¡Somos hijos e hijas de Dios! ¡No tenemos nada que temer y tenemos palabras, palabras nuevas para hablar a nuestro mundo y unos a otros! El ángel anuncia que el Señor resucitado va a Galilea y que allí los discípulos lo verán. La implicación es más que aparente, los discípulos están destinados a ir a encontrarse con el Señor quien va delante de ellos. (El Señor siempre va delante de nosotros.) ¡Están destinados a salir a la calle y llevar la verdad de la Resurrección al mundo!

No es suficiente permanecer detrás de puertas cerradas, no importa lo bonitas y doradas que puedan ser esas puertas y no importa cuántas otras personas también pueden sentirse contentas de permanecer allí. Si lo hacemos, la cultura del miedo gana y nuestras vidas se vuelven excesivamente pequeñas, limitadas y que niegan la vida. La alegría solo se encuentra en seguir al Señor resucitado a dondequiera que vaya.

Y hay algo más: no hay tiempo que perder. El ángel instruye a las mujeres: vayan de prisa. A cada uno de nosotros solo le está asignado un cierto número de pascuas en nuestra vida en la tierra. No hay tiempo que perder, tanto por el trabajo que se necesita hacer en nuestro propio corazón como por el trabajo que se necesita hacer en nuestro mundo. A la luz de la Resurrección debemos utilizar cada momento que nos es dado. Cuando todo esté dicho y hecho, cada uno de nosotros tendrá que dar cuentas de cómo hemos vivido las Pascuas que se nos han dado en nuestra vida.

¡Somos hijos e hijas de la Resurrección de nuestro Señor! El misterio Pascual es puesto en nuestros corazones y nos es confiado y no puede permanecer detrás de puertas cerradas, ¡exige ser llevados a las calles de nuestro mundo!

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Fuente: Fr. Michael Cummins on Word on Fire

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